Saturday, 27 November 2010

JUAN KROHN HABLA SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS - I PARTE


Valle de los Caídos: la democracia bien vale una misa (gobierno socialista y monjes benedictinos, aliados objetivos)

26.11.10 | 18:23. Archivado en Historia revisionista de los dogmas (en clave nacional/catolica), Politica religiosa (en memoria de Rafael Sanchez Mazas), El Valle de los Caídos, Santo Lugar de la Memoria Heroica
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Señores va de rollo. Teológico me refiero. Porque tras los últimos acontecimientos en el Valle de los Caídos y la resaca que habrán traído consigo me siento obligado a hincarle el diente a una cuestión central que repunta en algunos en relación con el tema, en los mas jóvenes sobre todo. Por paradójico que parezca o perfectamente lógico en cambio mas bien; porque la juventud es más propicia y receptiva a lo teórico que edades ya mas maduras y avezadas al contacto con la dura realidad, en la práctica y en la vida de todos los días.

La misa del Valle, el momento de la consagración, intocables e inviolables; nos advierten y apremian ahora. Mucho peor el infringirlo -en la pluma de alguno (muy joven me supongo, ya digo)- que la profanación de tumbas incluso (...) El romper el silencio del instante -hoc est enim...- de un gemido, aunque solo sea. Perdónalos porque no saben lo que dicen, por lo jóvenes e inexpertos mas que otra cosa.

París bien vale una misa, dijo el rey Borbón, Enrique IV, padre de la dinastía borbónica francesa -y de la española- al convertirse al catolicismo tras haber rendido (y diezmado) por el hambre -y la sed- a la población, católica hasta el fanatismo, de la capital francesa (...) Y es cierto que la (santa) Misa tras el concilio del Trento y en una reacción comprensible frente al protestantismo se convirtió en eje de las creencias y de la practica religiosa al interior de la iglesia católica.

Como lo llevé a la práctica en cierto modo en mis años del seminario de Ecône. Y como lo ilustraron los cristeros mejicanos insurgiéndose contra un gobierno liberal masónico en defensa de la libertad de culto...antes de morder el polvo de la derrota.

El meollo neurálgico de la reacción integrista especialmente en el catolicismo de lengua francesa lo fue la resistencia al Novus Ordo Missae (1) -hasta hoy en vigor- que promulgó el papa Montini, inspirándose en las directrices del concilio y en el espíritu de sus reformas.

Fue una reacción primordialmente francesa o francófona ya digo, con poco eco entre españoles y entre hispánicos, salvedad hecha -como la excepción que confirma la regla- del Méjico de tradición cristera y en menor medida de la Argentina afrancesada -de los tiempos de las Juntas militares- en sus élites dirigentes como en algunas de sus áreas urbanas.

¿Por qué ese mutismo, ese silencio o apatía (en el fondo) en un problema de indole religiosa tan trascendente, entre católicos españoles que arrastraron de siempre el orgullo legítimo de ser más católicos que nadie y de no admitir en materia religiosa lecciones de quien fuera, ni influencias foráneas en detrimento, por minimo que fuera, de la ortodoxia?

En parte por eso precisamente sin duda alguna. Porque el integrismo les venía de Francia y la protestantización del dogma y de la liturgia les venia en cambio directamente de Roma, y además con aires de renovación y vestida de paisano para más señas(...) Pero también influye en mi modesta opinion un factor imprescindible en el análisis ligado a la memoria (histórica)

La misa en latín -según el rito de (san) Pío V precisemos de inmediato antes de que aquí se me delante alguno-, inseparable de una tradición litúrgica (no se olvide) de clara impronta carolingia era para los católicos franceses mucho mas que una simple misa (de los domingos) como la que le sirvió de coartada perfecta al rey borbón siglos antes para abjurar del protestantismo: el arca de la alianza de la memoria histórica del antiguo reino de los francos al contrario, o si se prefiere del antiguo régimen, de antes de la revolución francesa. De una Francia pre-revolucionaria muerta hace dos siglos en el país vecino y aún viva en el recuerdo de algunos -¿muchos, pocos?- de sus habitantes.

Y en España, en la medida que no se dio una ruptura histórica de ese calibre -de tan hondo calado al menos- no se viviría la querella litúrgica que trajo consigo el concilio con aquella ansiedad y crispación de espíritus, como una cuestión de supervivencia -to be or no to be-, que cobraría en cambio entre los católicos franceses.

Y esa es la clave -certera- de una explicacion real, autentica y profunda del fenómeno de la revolución litúrgica del concilio y de su recepcion comparativamente considerada entre españoles y franceses a mi juicio. Y todo lo demás (me) suena un poco a moralina teológica de una fase mas o menos infantil o pueril -o infantilizada- de evolución o maduración en el plano de las creencias. Desmentido además por el sentido (último) de la historia reciente tal y como vendría a revelarse en los casi cincuenta años ya transcurridos desde la celebración del concilio.

Las iglesias en España -llenas hasta rebosar aún a finales de la década de los sesenta (ejemplo de ello, la iglesia de Santa Rita, de mi barrio madrileño de Arguelles)- empezaron a vaciarse justo después y el larguísimo pontificado de Juan Pablo II acabaría de vaciarlas por completo mientras conseguía llenar a su paso (por un día) plazas y calles de las urbes que visitaria sin parar "urbi et orbe" en sus viajes pastorales planetarios.

Deserción generalizada de la práctica religiosa entre españoles, salvedad hecha del país vasco -y en menor medida en Cataluña- y de algunos botones de muestra, flores de invernadero, de la restauracion (ma non troppo) que se viviría en la fase tardía del anterior pontificado. El convento de las monjitas de Lerma (y otros adyacentes), el seminario diocesano de Toledo -y sus retoños de otras provincias-..y la abadía del Valle de los Caídos repleta de jóvenes monjes a lo que parece (...) Sin olvidar por supuesto las fundaciones (de importación) de la FSSPX en suelo de la Península (teledirigidas) desde su casa madre suiza (...)

Botones de muestra como algunos no dejan de reprocharles de un neocatolicismo elitista y minoritario -y de un tufo pos/conciliar inconfundible- en un claro alejamiento de la tradición católica de los españoles, de una savia popular innegable a todos los niveles y en todos las estratos de la sociedad por más que fuera secándose progresivamente en los dos últimos siglos y en unas regiones más que en otras, de resultas en particular de la guerra civil española.

Los monjes del Valle y los seglares que le sostienen -y que los mantiene también (en parte) aunque solo sea con su presencia, como si fueran una gran familia, todos juntos en unión durante la misa y después de ella en unos ágapes de confraternización -entre ellos-, a modo de consuelo en/la/tribulación y de sostén en las horas/difíciles (caldito caliente y pastas caseras incluido)- parecen querer atrincherarse ahora detrás no de las tumbas de Franco y de José Antonio, un tema en el que por se ve habrán acabado optando por la táctica del no meneallo-sino al interior de las columnas del templo o de las arcadas de la explanada de "su" basílica unidos todos como una piña en torno a la celebración del precepto dominical que prescribe oír misa entera los domingos y fiesta de guardar, hoy como ayer, como hace cien años como en la guerra y en la posguerra inmediata y como si desde entonces y en las décadas que se seguirían no hubiera pasado nada, ni en el mundo ni en el seno de la sociedad española.

Bajo la consigna (sectaria) por cierto de "extraños, fuera". Sin banderas...y sin pancartas; y sin insignias y sin gritos ni eslogans que al sentir de algunos profanan mas que unos profanadores de tumbas propiamente dichos (manos a la obra en los últimos tiempos a lo que parece al interior del recinto (sagrado) por mas que ni el abad mitrado ni sus monjes se atrevan a reconocerlo)

Vaya de entrada que también yo soy partidario de una revisión o más bien de una purificación de toda la parafernalia litúrgica o paralitúrgica -o como llamársele quiera- concurrente cada año la efemérides del 20 de Noviembre (en lo que coincido con más de uno, por lo que leo ahora en el blog de Ricardo Sáenz de Ynestrillas) Y de hacerla desaparecer incluso.

Sin perder de vista el objetivo último o si prefiere el reto supremo que se esconde tras los altos designios hasta hoy puestos de manifiesto -o destapados- por el gobierno Zapatero en relación con el Valle de los Caídos; lo que algunos asumimos sin reservas. Y lo es el que siga abierto al publico, como sea. Con misa o sin misa los domingos y fiestas de guardar. Y con o sin celebraciones del 20 de Noviembre. Aun al precio del desalojo de la abadía (y de sus actuales ocupantes)

Y que guarde así su caracter monumental conmemorativo y memorialista por supuesto. De Altar (católico) de la Patria y de la Memoria Heroica de la Nación -y por ende de la guerra civil española- pero sin tutela clerical o lo menos posible (mientras no quepa otra cosa por lo menos) Espacio de libertad interior para todos los que allí acudan y no cárcel de conciencias. Frente a todo lo cual su aspecto de culto (litúrgico) es secundario como lo sería en sus inicios.

¿Blasfemia todo lo que precede? Apologia pro mia vita. Más bien, por decirlo en lenguaje medieval (y escolástico) : de mi propia trayectoria y de mi itinerario interior en la materia. Fui uno de los últimos de Filipinas por decirlo así de la misa de en latín que ahora algunos reivindican (y celebran u honran con su presencia)

Celebré una misa según el rito de San Pio V -con asistencia del obispo Lefebvre- en un salón del Hotel Meliá Castilla de Madrid a finales de junio del 78 -en plena transicion políticia- porque se nos negaron iglesias y locales eclesiásticos cualesquiera por orden terminante del arzobispado madrileño. En presencia de unas mil personas y de algunos asistentes de gran relieve como la hija de Franco que se encontraba de incógnito entre los asistentes, como testigos presenciales me lo confirmarían.

Se siguieron para mí varios años de ministerio/tradicionalista en Argentina (y países limítrofes) y en Francia en el marco de la obra del obispo francés disidente -siempre oficiando la misa en latín- en una linea de cincurvalación que me conduciría fatalmente a mi detención en Fátima y a una larga estancia en prisión que me haría cobrar alas (...) Renovabitur ut aquila juventus tua.

Y el punto de inflexión (interior) decisivo en mí lo sería tal vez el gesto que acabé teniendo -ya creo aquí haberlo contado- tras una de aquellas misas (en latín) solo en mi celda de la cárcel portuguesa, en la que prendí fuego a propósito la hostia acabada de consagrar, la arrojé ardiendo en el cáliz (lleno) y lo vacié por el ventanuco de la celda en una zona de vegetación colindante con el muro de la galería aquella. Y así me vería libre -hasta hoy- de la vieja disciplina (...)

Y fue sin duda porque no se trataba en mí de un gesto mas o menos excéntrico o transgresor propiamente hablando, sino el fruto de larga maduración interior antes y después de encontrarme preso. La querella litúrgica para entonces estaba ya agotada o si se prefiere convertida en una problema puramente de disciplina canónica y eclesiástica en el discurrir del contencioso que oponía a Monseñor Lefebvre y el vaticano, y a la ancas de aquél a otros grupos tradicionalistas.

Más o menos rezagados algunos, como sería el caso de la TFP brasileña que llegaron a publicar la primera parte de un sesudo teológico tratado de la pluma de uno de sus miembros mas prominentes -Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira- amputado de la segunda parte mucho mas melindrosa (y peligrosa) referente a "la hipótesis teológica de un papa hereje" (como aquí ya lo tengo contado) Lo que daría la tónica de la actitud posterior de aquel movimiento plegándose progresivamente a los apremios de la jerarquía vaticana y brasileña hasta acabar en la perfecta sumisión (en espíritu de obediencia "cadavérica") Y el corolario inevitable lo sería fatalmente la implosión del movimiento tras la muerte de su fundador en varias tendencias y ramificaciones.

La TFP acusaba de protestantización al "novus ordo", de vaciar el sacrificio/de/la/misa no tanto de la presencia/real -que cada uno hoy en la iglesia y mas aún entre españoles se me antoja que concibe a su manera-ni de la idea de transubstanciación tan siquiera (pese el cambio en las palabras consagrantes), una noción que el concilio dejo vacía de substancia (o contenido)

Ni siquiera de su carácter expiatorio o redentor, sino de lo que ofrecería el trazo último distintivo de la teología católica frente al protestantismo en la materia y lo era el carácter propiciatorio/del/sacrificio. Sacrificarse para rendir propicio, o en otro términos para reconciliar(se) con la persona agraviada por culpa de nuestras faltas...y de nuestros crímenes), individuales como colectivos.

Y por una extraña paradoja, ese designio último -de propiciación, a imagen de un dios bíblico (judío) iracundo y rencoroso y vengativo- presente en la teología pre/conciliar y que la iglesia pareció arrojar en el concilio y en el posconcilio por la borda, es lo que mueve y anima ahora a lo que parece a la comunidad del Valle de monjes benedictinos. Como se trasluce en los escritos recientes -y en particular en el último de ellos- de uno de sus acólitos de talla tal y como se revela él mismo ahora a la luz del día.

Y me estoy refiriendo a Ceferino Maestú, y en particular a su evocación (infeliz) en el ultimo de sus artículos -foto acompañando (...)- de uno de los bombardeos de Madrid por la aviación nacional (en la tarde -añade- del día de nochebuena)

Reconciliarse con la otra España de los vencidos y su memoria ...a costa de la otra España -así se llama eso- y de su Memoria heroica: por un imperativo/religioso -el del mandato/evangélico del perdón (dicen)- protestante en el fondo y católico (sólo) en apariencia que desconoce en la practica el ámbito (inviolable) del foro interno y el libre albedrío y nos obliga a perdonar nos sintamos movido a ellos o no...al precio de la traición por cierto, y so pena de condenación eterna.

¡Mejor aliado (objetivo) no pueden tener el gobierno Zapatero y los mentores supremos de la ley (funesta) de la memoria, no me digan!




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