Sunday, 12 September 2010

KROHN HABLA DE LEFEBVRE TARANCÓN Y FRANCO


Tarancón, Lefebvre y Don Marcelo (comparaciones odiosas)

23.08.10 | 21:56. Archivado en Semper Idem (en defensa propia), Politica religiosa (en memoria de Rafael Sanchez Mazas), Aborto (el juicio de Nuremberg, nuevo lugar/teologico del magisterio eclesiastico tras el concilio)
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Cuando el caso Lefebvre estalló en las esferas eclesiásticas y simultáneamente en los medios "urbi et orbe", Don Marcelo era ya alguien en la iglesia española, lo reconozco. Nombrado obispo de Barcelona en el 66 y pocos años después primado de España y arzobispo de Toledo. Era la esperanza/blanca de los católicos españoles más tradicionales o tradicionalistas o simplemente conservadores que se oponían a los cambios del concilio y en particular al punto mas visible tal vez de la reforma para muchos y me refiero al desenganche que protagonizaría a la cabeza de la iglesia española el Cardenal Tarancón en el postconcilio inmediato, en relación con el régimen de Franco.

Ahora aquí algun defensor celoso del honor y del buen nombre de Don Marcelo sale diciendo que soy un desconocido. Me imagino que se refiere a las esferas eclesiásticas que no a los medios ni a la opinión pública española. Y ni eso. Aunque solo sea porque fui el primer español ordenado en Econe (que no creo que después vinieron muchos) y me vi atacado en persona -sin nombrarme- por el propio Tarancón a través de una nota en la prensa en la que descalificaba una misa/en/latín (de Pío V) que celebré en uno de los salones del hotel Meliá Castilla en presencia de unas mil personas y con asistencia de Lefebvre.

Digamos que para la iglesia española soy alguien olvidado (y enterrado), sí; con el que sin duda vale el adagio de "más vale no meneallo" Y a fe mía que no busco otra cosa -no sé si aquí se habrán ya todos todos dado cuenta- y si insisto a veces es en defensa propia o por aquello que la mejor defensa es un buen ataque en cosas que merecen mi defensa. Como el libre albedrío o la libertad en el foro interior (tanto en la mujer como en el hombre), en el tema por ejemplo de la interrupción del embarazo (o la despenalización del aborto)Tarancón a Umbral le caía bien. Y eso aunque solo sea, me da un (pequeño) hueso/duro de roer, lo reconozco. Alababa en él -sin duda en señal (un poco) del resentimiento que arrastraba contra su rival Don Marcelo (como aquí ya lo he explicado)- su campechanía y su bonhomía de fumador de puros (habanos) y de tabaco negro o como decía Umbral de tabacazo (negro y macho.

A mí me quedó de él en cambio la imagen -en negro- de un adusto (y poderoso y super/influyente) eclesiástico de gafas negras u oscuras y de rostro contrariado -ded cejas un tanto romobidales (y todos saben a quien me refiero)- como cuando le reventé literalmente un acto público con ayuda de una pancarta que levanté en alto yo mismo secundado por dos o tres almas caritativas entre mis amigos de entonces y que me acabó echando abajo sin miramientos un individuo, alto, fornido, ya de cierta edad, de bigote y a todas luces funcionario de policía de paisano (de los de entonces...) ("¡No a la Asamblea Conjunta, no a la autodemolición, no a los falsos pastores!")

Fue en un rosario en familia o algo así, organizado en la Chopera del Retiro hacia el final del tardo/franquismo -y antes del antentado contra Carrero Blanco- al que se dignaría a penas asistir en un juego -típicamente clerical- de balancín acorde a imperativos supremos de política religiosa en su función eminente de arzobispo de Madrid Alcalá y presidente (todo poderosísimo entonces) de la conferencia episcopal española: una de cal y otra de arena.

O si se prefiere un bandazo a izquierdas -como el que acaba de dar -¡y qué bandazo!- presidiendo la Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes por la que la iglesia plantaba cara a Franco colectivamente, y por lo que se sintió sin duda obligado a dar otro a la derecha haciendo acto de presencia justo después en aquella reunión (mariana) de beatos y beatas oliendo a cirios y a pre/concilio y también a franquismo y a la iglesia (de Pío XII) de la guerra y de la posguerra (inmediata), años cuarenta y cincuenta. Y con ellos, algunos jóvenes estoicos...e indefensos, y "aplazados" (en espera -entonces- de una segunda juventud, como el que suscribe)

Un peón crucial, indispensable, de primera, Don Vicente Enrique, al servicio incondicional de la política religiosa del Vaticano en relación con España y los españoles y desde antes incluso ya de la guerra civil: hombre de confianza -como aquí ya lo dejé señalado- del cardenal (separatista) de Tarragona, Vidal y Barraquer, el hombre fuerte de la iglesia española de los tiempos de la república (y del papa Pío XI) -sin duda (en parte) por su condición de valenciano y por ende catalano/parlante- que le mandó (por intermedio de su obispo diocesano) a Madrid cargo de la acción católica y -de paso (...)- en funciones de de agente diplomático eclesiástico, cerca de la Nunciatura, ya en el 31 (...)

Y a ese titulo sería sin duda el "tapado" de la iglesia española del pos/concilio -la del desenganche- después de haber sido lo que fue en los años de la república ya digo, y lo que sería después desde el 45 y tras la reemergencia de una iglesia -de Pío XII- en una fase pos/fascista por así decir bajo el signo del ascenso paralelo e irresistible de la democracia cristiana en Italia (y fuera de ella) A saber, un agente (supremo) en la sombra con certeza de la política religiosa española de la secretaría de estado bajo la férula (férrea e implacable) de Monsignore Montini, el futuro Pablo VI. Aquellas aguas estos lodos.

¿Y Don Marcelo -se preguntarán aquí algunos- en todo ese juego de influencias político/religiosas? Un comparsa de altos vuelos, aunque no de tanto brillo (comparaciones odiosas) como el que despidieron otros comparsas brillantes por ejemplo Serrano Suñer, o como Dionisio Ridruejo con el que se cruzo sin duda -como se lo cruzaría también, con certeza, Umbral de niño- en los primeros años (vallisoletanos) de su carrera eclesiástica.

Un "segundón" -al lado de Don Vicente Enrique- de cierto brillo en la iglesia española, Don Marcelo. Al servicio estricto (como el otro) de la política religiosa del estado del Vaticano en el tardo/franquismo sobre todo, cuando prestó sin duda sus servicios mas impagables por los que se vería sin duda recompensado bajo el pontificado (larguísimo) del papa polaco.

Don Marcelo y el seminario de Toledo. El binomio de repuesto -o la recarga si se prefiere- de qué echar mano sin duda, en aras de la rehabilitación de la iglesia española -me refiero a sus esferas eclesiásticas- de los tiempos del franquismo y del tardofranquismo; lo mismo que decir del concilio y del posconcilio (inmediato) Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla (Spengler "dixit"...y con él otros muchos)

Y vengo insistiendo aquí desde las primeras entradas de este blog que el capitulo de política religiosa de los años del régimen de Franco es una asignatura pendiente aún de todos los españoles -católicos en su abrumadora mayoría- y en particular de los que venimos reivindicando sinceramente y sin el menor interés personal, detalle obvio- la memoria de los vencedores del 36 o lo que es lo mismo de la España de la guerra y de la posguerra, y tratamos sacar lecciones de futuro de su propia historia profundizando en la causas próximas y remotas, directas o indirectas de su varamiento histórico -con lo que evito así "ex professo" el llamarlo un fracaso-, en la transición, tras la muerte de Franco.

El franquismo, el régimen de Franco no murió a manos de los rojos de la guerra civil ni del maquis de los cuarenta, aliado a la presión y a la interferencia de las grandes potencias; ni por el bloqueo ni por el aislamiento diplomático o por el acoso internacional en suma (que no cesaría nunca); sino que se vería al final postrado sin remedio por decirlo así, enfermo (incurable) de una tutela eclesiastica (española y vaticana)

Y lo ilustraría el papel (sin parangón) en la historia española contemporánea de la secretaría de estado vaticana y del nuncio de su santidad -Luigi Dadaglio- en el marcaje de rumbos del régimen en los últimos años del régimen de Franco.

En crudo: "otra" Transición -distinta radicalmente de esta- hubiera sido perfectamente posible sin los vetos e imposiciones e ingerencia de la iglesia, o mejor dicho si el poder político hubiera sabido resistir a sus intromisiones; en lo que adoleció -¡ay dolor!- de un déficit grave de memoria histórica, y a lo que contribuyó pujantemente sin duda el entierro (de tercera) que llevó a cabo el concilio vaticano segundo -como aquí ya lo tengo señalado- de la memoria (histórica) del Imperio español, que fue un estado católico, el mayor y de mayor relieve en la historia del catolicismo a través de lo siglos.

"Otra" transición posible (entonces), sí; a pesar de todo, a pesar del monarca incluso y de los errores fatales del propio Franco nombrándole heredero. Si solamente la iglesia española hubiera sabido abrirse a los nuevos vientos -como las tres carabelas- sin perder de vista su lugar de zarpa (o en otros términos sin ruptura con sus orígenes) Pese a todo (o "por en cuanto", como dicen lo portugueses)

Y un testimonio "de fuera" -como decía Maurras de algunos de su modelos el terreno del de pensamiento (y se refería particularemnte a los no/católicos)- lo ofrece sin duda el obispo Lefebvre. Lefebvre era un franquista sin complejos. Hasta un punto que a mí -único seminarista español de Ecône durante algunos años- me daba a veces - sobre todo acompañándole en España, en aquellos tiempos revueltos de la transición - un poco de vergüenza ajena, lo confieso.

Como lo era también el canónigo magistral de la catedral de san Sebastián, don Román Orbe que tuvo un hermano suyo (jesuíta) entre los asesores del concilio, y que nos sirvió de anfitrión (generoso) en una gira/apostolica que le preparé por mi propia cuenta, al prelado francés tradicionalista, por el norte de España a finales de los setenta.

Y Lefebvre no comprendía por más que lo intentaba la evolución del régimen tras la muerte de Franco en pos de la democracia -un régimen que Lefebvre condenaba conforme a la tradición "maurrassiana"- y "a fortiori" si se piensa en su apego no menos sincero hacia la institución monárquica que no dejaba sin duda de encarnar el rey borbón a sus ojos (pese a todo)

Lefebvre conocía a Don Marcelo. Se habían encontrado en Roma con ocasión del concilio. Lefebvre en el concilio vaticano segundo tuvo un papel de liderazgo indiscutible junto con otros tres prelados -ninguno de ellos españoles (...)- el italiano Luigi Carli y los brasileños Castro Mayer y Proença Sigaud.

Fueron ellos -con ayuda de la TFP (en estado embrionario entonces)- los que hicieron circular una petición de que se reafirmasen por los padres conciliares las condenas pontificias del comunismo (soviético) -a tantos años todavía de la caída del Muro- lo que seria boicoteado -un hecho históricamente innegable-por la jerarquía eclesiástica polaca, presente en masa en las aulas conciliares y en especial con su dos figuras de mayor destaque ya entonces el primado Wyszinski y Wojtyla arzobispo de Cracovia (...)

A mí personalmente el arzobispo Lefebvre me confió una vez haber tenido un encuentro -bastante reciente cuando me lo contó por lo que recuerdo- con su homólogo español (me refiero a Don Marcelo) quien le dijo -él lo contaba en francés- "¡tenez bon monseigneur, tenez bon!" (¡resista, monseñor, resista!) Cuando él ya había sido "suspendido a divinis" (...) En público en cambio Don Marcelo no se permitió nunca ni el menor gesto que hubiera podido prestarse a la mas mínima interpretación de simpatía o de solidaridad con el obispo francés disidente, por nimias y ligerísimas que fueran ¿Peras al olmo? (...)

Es cierto que si Don Marcelo arrastra -para la posteridad- la imagen de un segundón de mayor o menor brillo de la iglesia española del concilio y en el post/concilio, y el seminario de Toledo tras él la imagen de un semillero o cantera de segundones/natos -ante las autoridades/romanas y vaticanas me refiero-, se puede decr en sus descargos respectivos que lo serían a imagen y semejanza de una iglesia y de unos obispos españoles que como rezaba un chascarrillo (eclesiástico) que se oía mucho en Ecône, mientras los obispos de Centroeuropa fueron al concilio a dar lecciones, ellos en cambio fueron sólo a recibirlas(...)

Una vocación de segundones (espirituales) que nos venía por lo demás de antiguo a los españoles en el seno delcatolicismo como aquí ya lo dejé a menudo señalado. Y de hecho el protagonismo español fue prácticamente nulo en el concilio como si nos fuera con ellos el tema (...)

Si se exceptúa el activismo propagandística de algunos curas/periodistas financiados por el ministerio de Fragua Iribarne, la tarea callada -y no menos subalterna de figuras indivuales como el padre Santiago Ramírez (O.P.) o del jesuita Antonio Orbe (hermano del anterior nombrado) y algunos gestos aislados como el que tuvo el cardenal español de curia Larraona cediendo su palacio episcopal romano a del "Coetus Internationalis Patrum", que agrupaba a la facción tradicionalista de los padres conciliares.

¿Catolicismo de segundones por lo siglos de los siglos, en España y fuera de ella? Es lo que parecen proponernos y ofrecernos de horizontes de futuro los que se están dedicando a reexhumar y remozar ahora la buena imagen de los perdedores del concilio vaticano segundo. Y de gran coartada les sirven sin duda alguna en el empeño los curas de Lefebvre (para entendernos)

La hora pues tal vez sea llegada de denunciar la gran coartada que ese proceso de reconciliación (canónica) les proporciona a algunos como anillo al dedo -eclesiásticos o seglares- en el seno de la iglesia española. Me siento católico de por vida y a la vez -saliendo al paso de las imputaciones de un contradictor que me llegan ahora- irreductiblemente extraño a una sensibilidad "eclesial" cualquiera.

La iglesia de los católicos y la patria se confunden, hoy y siempre; y prentender crear corto/circuitos a base de una disciplina y una normativa canónicas -perfectamente obsoletas en el dominio del derecho público- entre los lazos de hermandad que nos unen por nacimiento y por razón de un mismo destino histórico a todos los católicos españoles, es enfriar de una manera u otra el patriotismo. Como decía Ramiro Ledesma que ocurría en su tiempo ("a la sombra de las sacristías")

Fui el primer español de Econe y lo reivindico. Lo mismo que asumo -y ya lo dije- un papel de convidado de piedra en la conversaciones de Roma con los integristas En mi entrevista a la RTP -radio televisión portuguesa- ofrecí un gesto de reconciliacion -en privado como en los medios por cierto- y mi oferta sigue en pie desde luego.
Pero sin negarme ("cadavéricamente") a mí mismo por cierto; ni a la trayectoria que fue la mía en los veinticinco años ya transcurridos. En los que me casé (por lo civil) y tuve un hijo -hoy ya adulto- que por cierto asumo y reivindico.

http://blogs.periodistadigital.com/juanfernandezkrohn.php/2010/08/23/tarancon-lefebvre-y-don-marcelo-comparac

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