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Thursday, 21 April 2011

ARMANDO VALLADARES: LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II Y EL COMUNISMO CUBANO

martes 12 de abril de 2011

Beatificación de Juan Pablo II y Cuba: dilema de conciencia para

No me consta que durante el proceso de beatificación de este Pontífice se hayan dado a conocer públicamente interrogaciones sobre su pensamiento con relación al comunismo cubano, pensamiento que inclusive parece ir más allá del campo diplomático y adentrarse en el plano doctrinario; de ahí la necesidad de conciencia de exponer, de la manera más respetuosa y filial posible, las presentes reflexiones

por Armando F. Valladares

La anunciada beatificación de S.S. Juan Pablo II, prevista para realizarse el próximo 1o. de mayo, coloca en un dilema de conciencia sin precedentes a muchos fieles católicos cubanos que por causa de su Fe, de la veneración por su Patria y del amor por sus familias se oponen al comunismo. En efecto, esos fieles católicos ven con perplejidad y con el corazón dilacerado todo aquello que el referido Pontífice habría hecho en algunas circunstancias, y dejado de hacer en otras, para favorecer directa o indirectamente al comunismo cubano.

Cito a continuación, resumidamente, algunos ejemplos que tuve ocasión de comentar extensamente, a lo largo de los años, en diversos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo en la isla-cárcel; y solicito anticipadamente la comprensión de los lectores. Lo hago en cuanto fiel católico y en cuanto cubano, con todo el respeto posible hacia la Iglesia, dispuesto a oír y a analizar eventuales explicaciones de fuentes debidamente autorizadas, que hasta el momento no son de mi conocimiento, sobre los dolorosos hechos históricos que se consignan sucintamente a continuación.

El 8 de enero de 2005, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador cubano, Juan Pablo II, pronunció una alocución elogiando las “metas” que las “autoridades cubanas” habrían supuestamente obtenido en materia de salud, educación y cultura. En realidad, se trata de una siniestra trilogía que el régimen ha utilizado como instrumento, durante más de medio siglo, para corromper las conciencias de generaciones enteras de cubanos desde su más tierna edad, provocando un genocidio espiritual sin precedentes en la historia de la Iglesia en las Américas.

No obstante, Juan Pablo II, en la misma alocución, insistió en sus elogios llegando a aseverar que mediante esa trilogía las “autoridades” de Cuba - o sea, los miembros del régimen castrista - colocarían “pilares del edificio de la paz” e incentivarían el “crecimiento armónico del cuerpo y de espíritu". Con lo cual el Pontífice pareció ignorar que Fidel Castro, el Che Guevara y sus secuaces, en nombre de esa trilogía, provocaron la destrucción y la muerte, “del cuerpo y del espíritu”, de tantas personas en tantos países de América Latina, África y Asia.


El elogio al comunismo y a los integrantes de la dictadura castrista no habría podido ser mayor. Para los cubanos que han sentido y continúan sintiendo en su propia carne la obra destructora de la revolución comunista en su Patria, las referidas consideraciones papales resultan particularmente dolorosas, y sinceramente no consigo vislumbrar cómo justificarlas. Esas consideraciones, que van más allá de las más benévolas fórmulas de cortesía diplomáticas, vistas desde una perspectiva histórica, alcanzan de lleno y hasta laceran la memoria de aquellos jóvenes mártires católicos cubanos que murieron en los paredones de fusilamiento gritando “¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo!”

En la misma alocución, una de las más importantes sobre Cuba en su largo Pontificado, el reconocimiento de Juan Pablo II se extendió a un alegado “espíritu de solidaridad” del internacionalismo cubano, que se manifestaría en el “envío de personal y recursos materiales” a otros pueblos por ocasión de “calamidades naturales, conflictos o pobreza”. En realidad, como se acaba de recordar, lejos de reflejar un espíritu de “solidaridad” cristiana, el internacionalismo comunista colocó a Cuba en el triste papel de exportador de conflictos en América Latina, África y Asia, con “personal y recursos materiales” utilizados no para solucionar conflictos o disminuir la pobreza, sino para exacerbarlos, suscitando guerrillas que, a su vez, contribuyeron a provocar sangrientas calamidades peores que las de la naturaleza. En realidad, el internacionalismo cubano contribuyó a hundir naciones en la peor “pobreza” material y espiritual, algo que históricamente resultó diametralmente lo contrario de sacarlas de esa triste condición.


Para Cuba comunista, el modelo “solidario” internacionalista tuvo como una de sus principales figuras al guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, quien llegó a afirmar que el “odio” es un motor capaz transformar al revolucionario en “una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Por ello, la alusión papal a ese supuesto “espíritu de solidaridad” del internacionalismo cubano no puede dejar de producir consternación (cf. A. Valladares, “Juan Pablo II, Cuba y un dilema de conciencia”, Diario Las Américas, Miami, 15 de enero de 2005).


En la referida alocución, S.S. Juan Pablo II no citó al Che Guevara. Pero sí ya lo había hecho en enero de 1998, en breves palabras elogiosas y hasta laudatorias, en el avión que lo conducía a Cuba. En conversación informal con los periodistas, consultado respecto de su pensamiento sobre el Che Guevara, dijo textualmente el referido Pontífice: “Dejemos a Él, al Señor nuestro, el juicio sobre sus méritos. Ciertamente, yo estoy convencido de que quería servir a los pobres” (Vatican Information Service, “Los periodistas entrevistan al Papa durante el vuelo a Cuba”, Ciudad del Vaticano, 21 de enero de 1998).


La fuente informativa, la propia agencia de noticias de la Santa Sede, no podía ser más oficial, y ello hace que las palabras del Pontífice causen especial desazón. ¿Cómo un árbol malo podría concebir buenos frutos como, por ejemplo, el cristiano servicio a los más pobres y desamparados? (cf. San Mateo 7,18) ¿Por ventura no fue Guevara un “satánico azote” - según certera expresión de S.S. Pío XI al referirse al comunismo - para Cuba y para tantos otros países, promoviendo revoluciones sangrientas que perjudicaron especialmente a los más pobres, precisamente a aquellos a quienes el Pontífice afirma que Guevara quería servir? (cf. A. Valladares, “Monseñor Céspedes: Juan Pablo II y el Che Guevara”, Diario Las Américas, Miami, 26 de junio de 2008).


Por una lamentable coincidencia, esas declaraciones elogiosas al Che Guevara fueron hechas por Juan Pablo II precisamente cuando el avión que lo llevaba a la Habana pasaba frente a las costas de la Florida, donde se concentra el mayor número de cubanos desterrados. Las referidas declaraciones resultaron de esa manera especialmente desgarradoras, del punto de vista espiritual, para esos desterrados cubanos que se vieron obligados a abandonar su Patria por causa de la persecución comunista. Desterrados cubanos que no pudieron dejar de recordar que 11 años antes, por ocasión de la visita de Juan Pablo II a Miami, se sintieron abandonados espiritualmente cuando el Pontífice no visitó en esa ciudad la tan simbólica Ermita de la Caridad del Cobre, no recibió a una delegación representativa del destierro que le solicitó audiencia y pareció no ver las decenas de miles de banderitas cubanas, ondeadas por cubanos desterrados que fueron a saludarlo en los actos públicos, y que esperaron en vano una palabra de consuelo para sí mismos, para sus familias y para su querida Patria esclavizada.


Los rayos, relámpagos y centellas que interrumpieron la más importante y concurrida de esas celebraciones por ocasión de la visita a Miami de Juan Pablo II contribuyeron a formar un marco trágicamente apropiado para interpretar el sentimiento de abandono que sintieron esas decenas de millares de desterrados cubanos por el hecho de no haber oído una palabra de consuelo del Pontífice ante la tragedia de su Patria amada y ante sus propias tragedias personales y familiares.

De la recepción brindada al dictador Castro en Roma, en 1996, y del posterior viaje de Juan Pablo II a Cuba, en 1998, mucho se podría comentar, y de hecho se comentó, del punto de vista de los enormes dividendos publicitarios y diplomáticos obtenidos por el régimen de La Habana. Opto entonces por destacar aquí, del viaje a Cuba, algunos aspectos poco o nada comentados de sus importantes alocuciones. Me baso en el estudio “Cuba comunista después de la visita papal”, editado en 1998 por la Comisión de Estudios Por la Libertad de Cuba, de Miami.

En La Habana, en una de sus alocuciones, después de lanzar la discutible premisa de un “diálogo fecundo” entre creyentes y no creyentes, o sea, con los comunistas cubanos, Juan Pablo II hizo un llamado a encontrar una “síntesis” cultural por el hecho de que supuestamente las partes en proceso de “diálogo” tendrían “una finalidad común”, la de “servir al hombre”.


Con toda la veneración y el respeto debidos, no se comprende cómo pueda darse una “síntesis” entre elementos totalmente antagónicos e incompatibles como lo son los principios de la fe católica y los de la anticultura marxista. ¿Cómo sería posible una “síntesis” entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre Jesucristo de un lado, y Carlos Marx, el Che Guevara y Fidel Castro del otro?

Tampoco resulta posible comprender la afirmación de Juan Pablo II de que la Iglesia y las “instituciones culturales” del sistema comunista cubano puedan tener una “finalidad común” al servicio de progreso espiritual de los cubanos, como si la “finalidad” del régimen no hubiese sido la de aplicar todos sus esfuerzos, de manera metódica, durante cuarenta años, para destruir el “alma cristiana”; o sea, una “finalidad” que no solamente no es común, sino que es diametralmente lo contrario.

Otro aspecto del Pontificado de Juan Pablo II que provocó perplejidad y desazón en innumerables cubanos fue la serie de pedidos de perdón por aquello que el Pontífice consideró como pecados pasados y presentes de los hijos de la Iglesia, en los cuales, sin embargo, no fue posible encontrar la más mínima referencia a la connivencia ideológica y a la complicidad estratégica de tantos eclesiásticos con el comunismo en Cuba, y también en otros países del mundo, por acción u omisión, durante décadas (cf. A. Valladares, “El pedido de perdón que no hubo: la colaboración eclesiástica con el comunismo”, Diario Las Américas, Miami, 22 de marzo de 2000).


En ese sentido, Juan Pablo II apoyó, durante todo su largo Pontificado, a los colaboracionistas Obispos cubanos, especialmente por ocasión del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, en 1986. En mensaje trasmitido por el Cardenal Pironio, Juan Pablo II manifestó su “merecido reconocimiento” al extenso documento de trabajo, en el cual se planteaba como meta una inédita y osada “síntesis vital” comuno-católica, reafirmada en el documento final; y nombró cardenal al arzobispo de La Habana, Monseñor Jaime Ortega y Alamino, uno de los mayores artífices del proceso de acercamiento comuno-católico en Cuba.


En esta relación de ejemplos de favorecimiento de Juan Pablo II al comunismo cubano, directa o indirectamente, con palabras, obras y omisiones, menciono, finalmente, en orden cronológico, tres filiales y reverentes cartas de cubanos desterrados a Juan Pablo II que, lamentablemente, quedaron sin respuesta, las tres firmadas por decenas de personalidades representativas del destierro cubano. En 1987, en Miami, por ocasión de la visita de Juan Pablo II a esa ciudad: “¡Santo Padre, liberad a Cuba!” (Diario Las Américas, Miami, 7 de agosto de 1987). En 1995, en Roma: “Los cubanos desterrados apelan a Juan Pablo II: ¡Santidad, protegednos de la actuación del Cardenal Ortega!” (Diario Las Américas, Miami, 24 de octubre de 1998). Y en 1999, también en Roma: “¡Santo Padre, rescatad del olvido a los mártires cubanos, víctimas del comunismo!” (Diario Las Américas, Miami, 21 de septiembre de 1999).

Me consta que, por ocasión del proceso de beatificación de Juan Pablo II, personalidades católicas manifestaron públicamente su perplejidad por palabras, obras y omisiones de Juan Pablo II en el campo religioso. Pero no me consta que durante el curso de ese proceso de beatificación se hayan planteado públicamente interrogaciones sobre el pensamiento de este Pontífice con relación al comunismo cubano, pensamiento que inclusive parece ir más allá del campo diplomático y adentrarse en el plano doctrinario. De ahí la necesidad de conciencia de exponer, de la manera más respetuosa y filial posible, las presentes reflexiones.


En este sentido, sinceramente no vislumbro cómo los católicos cubanos de dentro y fuera de la isla, que concordaron con las tesis de mis artículos, pero especialmente con los brillantes análisis y comentarios de otros compatriotas en la misma línea, puedan ver a Juan Pablo II como un ejemplo a ser seguido e imitado, por causa del tratamiento que dio al problema del comunismo en nuestra Patria, según se mostró en los párrafos anteriores.



Sé que en los procesos de beatificación los teólogos escudriñan los escritos de aquellos candidatos a ser beatificados. Es posible que esos teólogos hayan analizado los textos de Juan Pablo II que acabo de citar y de comentar respetuosa y filialmente. Si así lo hicieron, quiera Dios que los católicos cubanos podamos tomar conocimiento de esas sabias explicaciones. De otra manera, el dilema de conciencia no hará sino aumentar, porque ¿cómo comprender entonces que un Pontífice que tanto hizo por el comunismo cubano, llegue a ser proclamado Beato de la Iglesia? Pido y hasta suplico que los tan delicados dichos y hechos arriba citados de S.S. Juan Pablo II sean debidamente aclarados y explicados. De otra manera, la beatificación de Juan Pablo II, anunciada para el próximo 1o. de mayo, podrá estar indeleblemente marcada por el signo de la perplejidad, de la contradicción y de la confusión.

En cuanto fiel católico cubano, creo que tengo no solamente el derecho, sino la obligación de conciencia de dar a conocer estas consideraciones. Ya lo he dicho, y lo reitero en esta dramática coyuntura. Tengo un compromiso con aquellos jóvenes mártires católicos que murieron en la siniestra prisión de La Cabaña gritando “¡Viva Cristo Rey! !Abajo el comunismo!”; con mis amigos asesinados en la prisiones; con la lucha por la libertad de mi Patria; con la Historia; y, por encima de todo, con Dios y la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. El análisis de la vida y la muerte de cualquier ser humano, por extraordinaria que haya podido ser, no debería borrar, cambiar, alterar o ignorar las consecuencias de los actos que eventualmente practicó.


Thursday, 14 April 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN: CUBA Y LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II


                            El cubano Armando Valladares contra la turbo/beatificación de Wojtyla

13.04.11 | 00:42. Archivado en Misterios y enigmas del Papa polaco, Canonización de Wojtyla (recogiendo el guante del desafío)
                                                                                ◦◦
Una voz se alza de repente ante los preparativos de la turbo/beatificacion de Juan Pablo (II) desde un cuadrante que algunos el que menos se esperaban, y me refiero al del exilio cubano. Cuba y España, España y Cuba, aparte de mi ese cáliz.

Y me permito hablar en esos términos porque si para muchísimos españoles que llevan a Cuba bien dentro se puede decir que sea ése el caso, en lo que personalmente me atañe pienso que lo sea por partida doble. Por español y también por descendiente de españoles de Cuba, como aquí ya lo habré comentado.

Días pasados -como ya lo conté también aquí- fui objeto de registro domiciliario e interrogatorio y test grafológicos a seguir en las dependencias de la policía de Bruselas -antes de ser puesto en libertad sin cargos unas horas mas tarde-, en relación con una serie de misivas amenazantes contra la reina Fabiola que se vienen recibiendo desde hace dos años en la redacción de un diario francófono de la capital belga.

Para facilitarles la tarea les puse en mano de inmediato una máquina de fotos que les pasaba desapercibida en su registro. Y tras haberla examinado con otros varios de mis enseres personales me la acabaron devolviendo escrupulosamente no sin darme a entender que les causaba cierta sorpresa una de las pocas fotos que guardaba aquella, y era la que recogía una escena de antepasados míos entre ellos mi bisabuela materna (madre de mi abuela materna) Julia Hernández, fotografiados en la cubierta del barco que les devolvía a la madre/patria tras el desastre del 98, y que ya habré comentado en estas entradas. Y era sin duda por el halo de solemnidad y de prestancia de ese testimonio gráfico que no dejaba de reflejar por todos sus ángulos una tragica atmósfera de guerra (y de derrota)

Desciendo de españoles (ilustres) de Cuba, es cierto, y sin duda sea lo que explique en el fondo lo atípico y fuera (un poco) de lo común del interés que me mereció siempre todo lo que de cerca o de lejos se relacionaba con la antigua isla española del Caribe, y también sin duda del anticastrismo (anti-comunista) tenaz y recalcitrante que habrá sido el mío desde niño, desde los tiempos que siguieron de inmediato a la revolución cubana con ocasión sobre todo de la crisis de los misiles y el desembarco anti-castrista (fallido) de playa Girón y Bahía de los Cochinos como también lo habré evocado en más de una ocasión en estas entradas.

Y tal vez sea por eso (en el fondo) también que el exilio cubano no dejase nunca de plantearme serios interrogantes. Entre los que conocí de cerca España como entre otros que merecieron la atención de los medios en algún momento dado durante todos estos años de régimen castrista o vía internet en foros de opinión de los mas diversos.

De Armando Valladares que ahora levanta la voz de un tono profetico, de denuncia, contra la beatificación de Juan Pablo II, sé mas o menos lo que habré leído en los medios de pascuas a ramos, y en particular los años de mi encarcelamiento en Portugal que coincidieron con los de su liberación y nombramiento de embajador de ls Estados Unidos en la ONU (durante la era Reagan) Y me quedo la imagen de él de un perseguido del régimen de Castro. Con toda la gloria y la nube de interrogantes sin duda que arrastran consigo todos (o casi todos) los perseguidos.

Armando Valladares lanza ahora una requisitoria implacable contra la beatificación de Juan Pablo II a base de uno de los cargos inéditos "grosso modo" en la lista (imaginaria) de acusaciones de un abogado del diablo del que la turbobeatificación del papa Juan Pablo II habrá extrañamente carecido por las razones y motivos que sean.

Y es el de la connivencia de aquel pontífice, sutil, y profunda a la vez -en una vertiente doctrinal e ideológica y no meramente diplomática- con una versión depurada de país comunista como lo fue y lo sigue siendo la Cuba con Fidel Castro.

Y particularmente incisivo en su denuncia lo sea sin duda su evocación de los centenares de jóvenes cubanos que murieron en el paredón fusilados por los esbirros del régimen en los incios de la revolución al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Y sin duda es ése un pliego de acusación que hice mio de antiguo -con ocasión de mi gesto de Fátima- como aquí todos ya saben pero que en la medida que atañe principalmente a las relaciones del papa polaco -desde sus tiempos incluso de obispo y cardenal y antes, de simple presbítero- con las mandamases comunistas de su Polonia natal tras el 45, se puede decir que caería fatalmente en saco roto por culpa en parte de la mitología "sui generis" -del nacionalismo polaco- tan arraigada entre los habitantes de aquel país, que haría posible ese fenómeno tan singular de simbiosis ideológica (y espiritual) entre catolicismo y marxismo (estaliniano) sin parangón ni precedente en otros países (católicos o sin serlo)

En el caso de Cuba en cambio sería el turno del papa polaco de predicar en el desierto entre una parcela considerable de la sociedad cubana, de dentro y fuera de la isla, de entre los cubanos al interior del régimen castrista como entre la la diáspora, que no comprendieron hasta hoy ni esa especie de aldabonazo además del balón de oxígeno que su visita papal del 98 vendría a proporcionar al régimen castrista ni, mas de diez años antes, la falta de empatía y de comprensión de la que dio muestra para con el exilio cubano con ocasión de su visita a Miami en uno de sus primeros viajes pontificios.

Como volverían a experimentarlo del principio al fin del caso Elián (de noviembre del 99 a abril del 2000), casi dos años después de su visita a la Habana cuando tanto el pontífice como la iglesia cubana -en su cúpula directiva- pondrían toda la carne en asador en favor de la postura del régimen de Castro en el tema.

Ambigüedad demoledora, escandalosa del pontífice Wojtyla en relación con el comunismo como sistema e ideología por un lado; y plaga de escándalos en materia de pedofilia (eclesiástica) por el otro ¿Ninguna lazo de causalidad o de relación más o menos estrecha entre uno y otro fenómeno?

Todos los indicios apuntan desde luego en la dirección contraria. Y es en la medida que tanto el uno como el otro capitulo de la historia del pontificado anterior vienen a invalidar en alguna manera la mitología creada en torno al papa polaco y a su papel y protagonismo (presuntos) en el derrumbe del comunismo (soviético) y en la caída del Muro; y también la actitud profética y de denuncia que se le viene obstinadamente prestando entre los principales apologistas y celadores de su memoria.

Hasta el punto que se puede establecer sin pena una especie de axioma o paralelismo no cabe más estrecho entre el encubrimiento del que daría tanta muestra Juan Pablo II en relación con el escandalo de la pedofilia eclesiástica y con algunos de los casos de los mas sonados de entre todos ellos, y el velo de encubrimiento (y disimulo) del que se vería igualmente rodeada su trayectoria biográfica en lo que se refiere a su actitud -a título personal o en el desempeño de sus sucesivos cargos eclesiásticos- en relación con el régimen comunista en Polonia o con bloque de países del Este, y en definitiva con el fenómeno -desde un punto de vista doctrinal o ideológicamente considerado- del comunismo marxista.

¿Ejemplo inmarcesible de denuncia profética (anti-marxista) el papa Wojtyla? De encubrimiento flagrante al contrario, como lo prueba e ilustra la actitud análoga que seria lo suya en relación con la plaga (bíblica) de la pederastia eclesiástica incubada largo tiempo y que saltaría (clamorosamente a la luz) en la fase final de su pontificado.

¿El Opus Dei al rescate de la reputación en entredicho del papa camino de los altares? Primero fue el caso del nuncio Mullor -cercano al Opus- que aquí ya examiné en todo rigor. Ahora salta a la palestra otro ilustre/eclesiástico con etiqueta de la Obra -español de nacimiento- revestido de funciones docentes en intituciones emblemáticas de enseñanza confesional (católica) del otro lado del charco, saliendo así al quite del pontífice anterior en el tema de los escándalos.

Con una argumentación rayana -por lo simple- en lo peregrino y lo escandaloso. Los actos de pederastia -viene a decir este eclesiástico (como el ex-nuncio Mullor)- son pecados (sic) y como tal están cubiertos por el secreto de confesión ("verbi gratia por el silencio pontificio)

Lo que no hace mas que corroborarme veinticinco años después en mi gesto...y en mi grito -profético- de Fátima. "Si ellos callan -una frase del evangelio que gustaba particularmente al papa polaco- gritarán hasta las piedras"

Lo que está empezando a suceder ahora, a expensas de su memoria.