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Sunday, 13 May 2012

JUAN KROHN RECUERDA EL 12 DE MAYO DE 1982


Hay fechas efemérides o aniversarios que parecen guiar el destino de los hombres y de las sociedades -como los astros y las estrellas para los Antiguos- mucho más de lo que nos creemos el común de los mortales. El doce de mayo vísperas del trece de mayo -aniversario de las apariciones/de la virgen a los pastorcitos/de/Fátima y también del golpe de Estado del 58 en Argel que trajo al poder (de nuevo) al general De Gaulle y daría paso en Francia a la Quinta República- vio el año pasado el nacimiento entre tantos signos aciagos y funestos del movimiento del 15-M de los llamados indignados que pretenden liarla parda de nuevo ahora -por lo suave o a la chita callando- como hicieron el pasado año. Pero hoy, Doce de Mayo, se cumplen también treinta años (treinta) de mi gesto de Fátima. Podría haber optado por el silencio como sin duda me lo habría aconsejado (en la mejor de las intenciones) más de un alma caritativa, pero la inminencia fatídica de las celebraciones callejeras que se anuncian de nuevo a bombo y platillo en un tono inconfundible de chantaje y de amenaza -por más que se escondan (insidiosamente) bajo el manto de la no/violencia- habrá sido tal vez el detonante último de que le dedicase esta entrada. Sin tapujos ni complejos, y en un espíritu irrevocable a la vez por cierto, de borrón y cuenta nueva, amparado -¿y como no?- en la prescripción universal -al cabo de treinta anos (...)- de los delitos y las penas. ¿Puro azar o casualidad esa coincidencia de aniversarios? Nunca creí en las estrellas ni en los signos del Zodiaco ni en el Tarot ni en otros tipos de predicciones astrales o astrológicas, pero no me pareció menos legitimo siempre el escrutar los signos de los tiempos -ni tampoco condeno por supuesto a los que creen en esas cosas-, y como todos aquí ya saben el movimiento de las acampadas y de los indignados me lanzó en pleno rostro, a mí personalmente no sé si a otros -así lo sentí y lo experimenté por lo menos- el guante del desafío que no dudé en recoger, estaría bueno. Y por ahí, algunos aquí acabarán por comprender tal vez el por qué de ese lazo o nexo todo menos casual o trivial entre la eclosión de ese movimiento (funesto) de indignados y mi propio destino.
Aquí ya expliqué no sé cuantas veces las analogías tan fuertes y numerosas que siempre vi entre el 15-M y el movimiento de contestación universitaria -que sufrí un poco en propia carne- del mayo del 68 o si se prefiere, la versión española del mayo francés que fue la matriz principal -mas que el 67 alemán- de toda una serie de focos de revuelta universitaria que se declararían por aquellos años en los demás países occidentales. El 68 español -como yo lo expliqué aquí tantas veces también- acabó produciendo en mi un repliegue o enroque psicológico -por expresarlo en términos más expresivos (o expresionistas)- que cuarenta años después sigo considerando legítimo sin arrepentirme de lo que sea, todos aquí ya lo saben; tan radical y profundo no obstante que en la medida que presidiría la odisea interminable de persecución y de expatriación de la que me sentí con altibajos e intervalos víctima hasta ahora, me parece aquél cargar con la responsabilidad (grave) de haber hipotecado en gran medida mi futuro en estos cuarenta años. Y está claro para mi y sin duda también para los que aquí me leen que el movimiento de las acampadas, caso de triunfar o de cristalizar en algo duradero, amenazaría con hipotecar el futuro de sus partidarios y también el de muchos otros, opuestos o refractarios, como lo hizo mayo del 68 con sus enemigos -como yo lo fui- y también con sus mas resueltos partidarios a los que legó un marca -como un tatuaje indeleble (hasta en la indumentaria, que me diga en sus cambios indumentarios después de aquello) (...)- que les acompañaría a sol y sombra de por vida en lo sucesivo, sin que pudieran nunca mas sacudirse encima o despegarse del cuerpo aquella imagen polémica conflictiva -del conjunto del movimiento y de sí mismos- que trajo tanto problema y encendió tanto conflicto -en todos los órdenes- y aporto a la vez tan pocas soluciones.
E ilustran esa generación "quemada" toda una serie de nombres de los últimos tiempos de la presidencia Sarkozy, destacados soixante-huitards todos ellos -Bernard Kouchner, Fadela Amara, o el inevitable Bernard Henri-Lévy destacándose de todos los otros- que se encargó aquél de reclutar en la apertura a la izquierda que se permitió a cierta altura de su mandato, sin duda en pago de la deuda intelectual que tenía contraída de sus años jóvenes en los que no dejó de ser un mero comparsa de aquellos que invadían todo el espacio publico aquellos años. Algo de orden religioso o espiritual íntimo y profundo -llamésele como se quiera- me movió a actuar en Fátima que sigo asumiendo por más que hayan pasado ya treinta años y el mundo haya cambiado tanto y todos nos hayamos hecho mucho mas serios (como decía Nietzsche )en las cosas del espíritu. No menos íntimo y profundo -y puro y absoluto- desde luego que la mística que algunos optimistas prestaron el año pasado al movimiento (naciente) de los indignados. Y me lo prueba a mi mismo y servirá de muestra también a los que aquí me leen, el que me siga interesando a cierto tipo de actualidad religiosa (o"eclesiástica) relacionada con el movimiento (espiritual y eclesiástico o extra-eclesiástico a la vez) de la Fraternidad fundada por el arzobispo rebelde Marcel Lefebvre, precisamente entonces (nota bene), en la resaca del 68, con jóvenes universitarios mayormente franceses que habían experimentado una trayectoria de repliegue un tanto análoga a la mía. En las últimas horas -curiosa coincidencia cronológico también- se habrá hecho publico (en la red) un intercambio de correspondencia entre su superior actual Bernard Fellay enfrascado desde hace algún tiempo en conversaciones doctrinales con Roma (o el Vaticano) y los otros tres obispos ordenados por el arzobispo francés -Williamson, De Galarreta y Tissier de Mallerais- que sacan a la luz una grave y profunda discrepancia cuanto a la oportunidad y a lo bien fundado de unas conversaciones en l que muchos católicos del mundo entero -jóvenes y viejos- tienen puestos (el alma en vilo) sus cinco sentidos, oscilantes entre la inquietud y la aprensión o y la esperanza.
Y por más que algunos puedan tacharlo de pretencioso o de egocéntrico de mi parte no puedo dejar de pensar que el conflicto irreductible que esa correspondencia revela, explica no poco y justifica al mismo tiempo mi comportamiento de entonces y de después, y en particular mi gesto de Fátima. O digamos que la puerta abierta por aquel conflicto inevitable de mentalidades-la vía de de agua en la nave/de/pedro que dirán algunos(¡qué le vamos a hacer!)-, me acabé liberando de todas mis ataduras interiores que habían presidido (fatalmente) mi destino hasta entonces. ¿Catarsis y terapia de grupo -como quieren verlo algunos- en el 15-M? Como sea yo opté entonces -hace cuarenta años- por una terapia personal por la que pagué con creces, sin arrastrar a nadie conmigo en la aventura. Estos indignados de ahora en cambio se diría que quisieran hacerle pagar la suya a la sociedad española toda entera, con el caos y la bancarrota, y la crispación y la amenaza del enfrentamiento (otra vez) entre españoles.

Friday, 2 December 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN COMENTA LA POSICIÓN DE LA FSSPX SOBRE EL "PREAMBULO DOCTRINAL" DEL VATICANO


Lefebvrianos: no a la propuesta doctrinal de Roma

01.12.11 | 17:59. Archivado en El concilio de la discordia, Contencioso Roma-tradicionalistas

Confieso que no me lo esperaba. Cuando todo parecía indicar que se caminaba irremisiblemente hacia un compromiso doctrinal entre la Fraternidad San Pio X fundada por el difunto obispo tradicionalista disidente Marcel Lefebvre y el Vaticano, de paso previo a la obtención de un estatuto canónico idéntico o análogo a aquél del que goza el Opus Dei dentro de la iglesia, el máximo responsable de la FFSPX acaba de sorprender a propios y a extraño dando la negativa por respuesta ayer mismo en unas retumbantes declaraciones publicas. Y confieso que me sorprende, ya digo, no tanto porque para todos, en los medios y en particular en los círculos más allegados a las instancias eclesiásticas de las tendencias mas dispares ("tradis" o "progres") era algo que se daba ya por cantado; sino porque no se corresponde del todo con la imagen que de ellos, de la postura oficial (u oficiosa) de la "fraternité" me refiero, guardé yo de mi paso por ella hace ya tanto es cierto. Y sobre todo, porque la evolución del contencioso - en el sentido de la considerable radicalización anti-concilio a la que asistimos - era todo menos previsible entonces cuando yo me aparté de ellos definitivamente.

Y por más que los vientos y los tiempos cambiaran (y mucho) desde entonces era de prever ahora que una vez obtenido - con el pontífice actual Benedicto XVI - lo que en los años que yo permanecí ligado a ellos por los lazos de obediencia parecía el "leitmotif" principal del combate del obispo disidente, a saber la autorización de la celebración del viejo/misal sin cortapisas, el concilio no debía ser obstáculo mayor como no pareció serlo en el tiempo que permanecí dentro de su órbita. Y a fe mía que tengo sobrados motivos personales para afirmarlo. Porque si hay algo que me amargó la existencia en mis años de Econe fue la lucha sorda e intestina dentro de las paredes de aquel seminario tradicionalista entre los "duros" y los "blandos" - o entre los liberales y los anti-liberales como decían los segundos (entre los que yo me conté siempre) - en torno precisamente al concilio vaticano segundo y a la actitud a adoptar frente al mismo: o su aceptación o interpretación más recomendable (conforme a la doctrina tradicional) con vistas a salvar "lo esencial", a saber el misal de San Pío V; o el rechazo lisa y llanamente, no sólo de las reformas sino de los textos mismos de los que aquellas se derivarían.

Y está claro - y pongo por testigos a todos mis compañeros de entonces - que el arzobispo Lefebvre mantuvo entonces una actitud de equidistancia entre unos y otros - digamos entre la mayoría "liberal" y la minoría ultra - por motivos de buen gobierno de su comunidad sin duda, que traicionaban el sello eclesiástico (romano) de su formación y de su carrera y de su trayectoria y en los que no dejaban de reconocerse los ecos aún bien cercanos de la iglesia de Pío XII en la que se vería cimentada su brillante carrera episcopal (y mas tarde de arzobispo); tradicional (y ortodoxa) en lo doctrinal y democrática por cierto en lo político y en general en los criterios y principios del arte de bien gobernar (a la iglesia y a los pueblos). Y así, Monseñor Lefebvre como buen príncipe de la iglesia de su tiempo daría muestras de cierta tolerancia (con los extremistas) en su gobierno del seminario y de la fraternidad por él fundada - me toleró a mí por ejemplo (...) -, sin dejar de guardar al mismo tiempo, como digo, prudente distancia de aquellos en relación con lo que era entonces nuestro principal caballo de batalla, a saber el concilio vaticano segundo. Lefebvre fue nombrado obispo (el más joven de su tiempo) durante el pontificado de Pio XII; y formó parte también en el concilio, es cierto, de la llamada minoría conservadora, e incluso se revelaría durante el mismo uno de los principales animadores de la minoría (tradicionalista o integrista) dentro de la minoría, agrupada en el "Coetus Internationalis Patrum"; pero no dejaba de ser un obispo (y más tarde arzobispo) de su tiempo, y como tal exquisitamente "correcto" políticamente hablando, y lo contrario hubiera sido literalmente impensable desde luego en el mundo surgido de la segunda guerra mundial tras el 45. Y por más que como tantos católicos franceses seglares y eclesiásticos, la guerra de Argelia y su desenlace le indispusieran no poco con la instituciones republicanas y en particular con la V República (presidencialista) del general De Gaulle, no dejaba de ser hijo de un padre muerto en deportación durante la guerra en Alemania, y como tal miembro de una selectísima masonería (blanca) de "compagnons de la Libération" -unos doscientos miembros en toda Francia (...)- de la que ya noticié en estas entradas.

Y el concilio era sin duda y lo sigue siendo singularmentepara los católicos objetable doctrinalmente hablando, en los planos digamos más contingentes de la llamada doctrina (social) de la iglesia, a saber todo lo referente al ámbito de lo político y los socio-económico, en la medida sobre todo que se autodefinía concilio pastoral (y no doctrinal); y objetable en particular, la trilogía (revolucionaria) en la que se verían mayormente compendiados y formulados sus principios - la colegialidad, el ecumenismo y la libertad religiosa (rechazados ahora por el superior de la FSSPX expresamente) -, pero lo son desde presupuestos teológicos (o puramente ideológicos) irreductiblemente extraños al ideal democrático, lo que explicaría sin duda que para un obispo tan "correcto" como lo seguía siendo Lefebvre aún tras el inicio de su enfrentamiento con Roma, el concilio y sus actas - que él mismo había firmado como no dejaban de recordarle maliciosamente sus detractores- no fueran aparentemente obstáculo insuperable; y que permitiese o tolerase en cambio por via de consecuencia una disputa tan acerba en el tema - así la recuerdo yo al menos - entre sus seguidores y partidarios; y que "a contrario", las criticas y anatemas que los tradicionalistas (o "integristas) dirigían a aquél se vieran fatalmente despachadas o desestimadas en sus postulados principales por los guardianes de lo religosamente/correcto desde los prismas y baremos menos exigentes incluso, por antidemocráticos, "verbi gratia" reaccionarios, fascistas, filofascistas o totalitarios (etcétera, etcétera)

Y por eso ahora no salgo de la sorpresa, ya digo, ante los signos de inflexibilidad doctrinal - o firmeza como se le quiera calificar - de la que los responsables de la FFSPX viene a dar muestras en la materia, diciendo no, por partida doble, a las autoridades vaticanas: no al concilio y no al cebo del estatuto canónico - con toda probabilidad una prelatura (como la del Opus) -, que se les prometía en recompensa de su aceptación de del "preámbulo doctrinal" que se les tenia propuesto y que se ve ahora rechazado. ¿Y a qué se debe? , se preguntarán ahora muchos. ¿Una simple coartada - esa intransigencia anti-concilio - del rechazo a un acuerdo por sitstema, o elemento esencial por el contrario de una postura que asumen colectivamente ahora a lo que se ve y que no deja de tener (para mí) algo de novedosa? ¿Habrá acaso influido en la radicalización doctrinal de la FSSPX el reciente proceso de beatificación ("exprés") de Juan Pablo II ,o la ola de escandalos de eclesiasticos por todas partes que por más que haya amainado un poco no ceja? Como sea, la esperanza de un acuerdo con el que tantos en los medios eclesiásticos parecían ya acomodarse (frotándose las manos), parecese esfumarse de pronto, y se deja ahora para en cambio las calendas griegas. Y no sabría decir si lo siento, lo confieso.

Tuesday, 16 August 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN: ENTREVISTA À RTP 28-04-2010 - SLIDESHOW

JUAN FERNANDEZ KROHN VUELVE A LA POLITICA




MANCHA REAL: EN LA CARRERA HACIA EL GOBIERNO

Juan María Fernández Khron, el hombre detenido por atentar contra el papa Juan Pablo II en Fátima en 1982, pretende presentarse a las próximas elecciones generales y que su campaña gire en torno a Mancha Real, donde nació su padre, un militar de la Guerra Civil que venera.

Un mancharrealeño se presentará a las próximas elecciones nacionales con el objetivo de ser presidente del Gobierno. La Otra Memoria, el nombre escogido para su partido, está impulsada por el controvertido Juan María Fernández Krhon, que actualmente ejerce como investigador en Bruselas y publica asiduamente en el “blog” del diario “on-line” periodistadigital.com, donde anunció su intención de crear una lista que defenderá desde Mancha Real.

El nuevo aspirante es un peculiar personaje de alcance internacional, aunque desconocido para muchos en Mancha Real. Aunque nació en Madrid en 1949, tiene raíces en el municipio jiennense. Dice sentirse mancharrealeño y no duda en proclamar con orgullo la figura de su padre, Juan Manuel Fernández Díaz, un militar que, según manifiesta, fue una figura importante para el final de la Guerra Civil española.

Fernández Krohn fue ordenado sacerdote por la Fraternidad San Pío X de Monseñor Lefebvre, en Econe, Suiza, donde permaneció hasta 1982. Ese año, su nombre saltó a las portadas de todo el mundo al protagonizar un atentado en Fátima: fue detenido después de ser acusado de intentar asesinar al entonces papa Juan Pablo II con una bayoneta. Hace tres años, este incidente volvió a tomar actualidad al afirmar el cardenal Dziwisz, secretario personal de Karol Wojtyla, que el pontífice había sufrido graves heridas durante el acontecimiento, extremo que Fernández Krohn ha desmentido en numerosas ocasiones. Cumplió tres años de pena en una cárcel portuguesa, después de los que se “autoexilió” en Bélgica, aunque antes se detuvo en “su” Mancha Real, donde reside en la actualidad.

En su país de adopción llevó una vida que define como “humilde” y desempeñó diferentes trabajos, como agricultor, mecánico de bicicletas y abogado. En 1996 fue protagonista de otro incidente, al ser detenido como responsable del incendio de un centro de Herri Batasuna, aunque acabó absuelto de estos cargos. Cuatro años más tarde, Fernández Krhon fue, de nuevo, detenido durante la visita del Rey Juan Carlos I a Bélgica, al increpar al monarca: “¡Tú mataste a tu hermano, rey Borbón, yo no maté al Papa. Viva el Iimperio español!” Actualmente, el candidato vive en un modesto apartamento en Bruselas y pasa la jornada en la Biblioteca Municipal, donde desarrolla su carrera como investigador de la Guerra Civil.

Por el momento, Fernández Krohn se encuentra a la espera de la respuesta de la Junta Electoral Central, a la que ha remitido su intención de presentar su lista. Desea lanzar la campaña desde Mancha Real y alrededores, con el objetivo de apoyarse en su “peso mediático” sobre sus seguidores de internet y de los numerosos contactos. El anuncio de encabezar una candidatura a la Presidencia del Gobierno devuelve a la actualidad a Fernández Krohn, un controvertido y singular personaje que, en caso de lograr los apoyos necesarios para la candidatura, tiene intención de desembarcar en Mancha Real para dar a conocer su proyecto. Ildefonso Ruiz/Mancha Real


Sunday, 10 July 2011

FELIPE DE BORBÓN AUSENTE EN LA BODA DE ALBERTO DE MONACO - Comentario de Juan Fernandez Krohn


Felipe de Borbón, el unico principe heredero ausente en Mónaco

Y va una de princesas, de plebeyas y cenicientas y de príncipes reinantes o herederos a penas. "Ahora somos nosotras las marquesas (y las princesas)" exultaba triunfante una de esas "mariscalas" de la corte (imperial) de Napoleón que se sacó toda una nueva nobleza de la manga para poder competir en lustro y esplendor con los fastos del antiguo régimen que el emperador de franceses contribuyó no poco a a enterrar echándole tierra y mas tierra encima tras el período revolucionario.

Las familias reales que se dan cita ahora en Mónaco, capital de la costa azul, para asistir a la boda de Alberto, hijo de Rainiero y de Grace Kelly (omnipresentes en las paginas de la revista Hola que formo parte del mobiliario de mi infancia como de tantos y tantos de mi generación) es una aristocracia y realeza sobreviviente de dos siglos de democracia tras la eclosión de la revolución francesa.

Casas reinantes como la de Inglaterra o la Bélgica o la de Suecia o destronadas como la de Grecia o la casa real de Francia en ambas ramas la legitimista y la "otra" Borbones y Orleans enemigos intimos siempre en lucha por un puesto en la historia de Francia (contemporánea)

Y entre los invitados de esta boda de mil y una noches figura por cierto el actual jefe de la casa pretendiente (Maison de France) por la rama legitimista que no es otro que Luis Alfonso de Borbón, hijo de Alfonso de Borbón Dampierre y de Carmen Martinez Bordiú, nieta del generalísimo Franco. Y por quien sin duda viene ahora la gresca con ocasión de esta ceremonia.

Conocí al pretendiente francés (legitimista) Alfonso de Borbón Dampierre durante mi estancia en Francia -de unos meses, en la primavera del 86- en los meses que anduve deambulando por varios países europeos sin norte fijo tras mi salida de la cárcel portuguesa, como aqui ya lo dejé contado. Y fue en una de esas mansiones aristocráticas (chateaux) - Alicnourt, no lejos de parís- que adornan la gografia francesa en donde disfruté de la hospitalidad de la acogida de sus ocupantes, un joven matrimonio con seis hijos, mandatarios provinciales o regionales los dos entonces por las listas del Frente nacional, y situados como muchos de los partidarios de aquel en la órbita religiosa del semanario de Econe y de la FSSPX de monseñor Lefebvre.

La (joven) señora de la casa, en una de las recepciones que solían organizar - acorde su estilo de vida que no era el mío ni lo había sido y sigue sin serlo- y en la que el invitado de honor no era otro que Alfonso de Borbón Dampierre, duque de Cádiz y duque de Anjou, por la rama francesa legitimista, vino a pedirme muy cortésmente, que en mi calidad de español me dignase a acompañarla en un paseo por los amplios jardines de su mansión en compañía de Don Alfonso, lo que acepté con mucho gusto.

Don Alfonso hablaba francés perfectamente, no sin un innegable acento español no obstante que aquellos franceses partidarios suyos, que le escuchaban embelesados, encontraban encantador (charmant) a todas luces. A mí por supuesto me habló en español, en un tono de cortés, atento y deferente que no olvidé por cierto.

Como no olvidé tampoco la impresión de tristeza y melancolia que de toda su persona se desprendía, de aureola inseperable sin duda por culpa de los sucesos trágicos que surcaron hasta el último minuto de sus existencia, muerto en accidente de esquí, a penas dos años y medio más tarde.

Charlé con gusto pues con don Alfonso, no sólo por un deber de cortesía elemental hacia la anfitriona y hacia él mismo sino también por razones más profundas del orden de las convicciones porque sin ser monárquico que nunca me sentid en el fondo, no habré dejado de compartir en mi vida como a rachas postura o ideas de un innegable sello monarquizante, fruto sin duda alguna de la educación que recibimos generaciones enteras de españoles en la posguerra.

No entre en estas breves disgresiones -que quede claro- en el derecho dinástico. Me limito a consideraciones de patriotismo elemental mezcladas o condimentadas si se me apura con ciertas datos o referencias de nuestro derecho histórico. El jefe de la Casa real española por la rama alfonsina cuando el suceso de Estoril lo era Jaime de Borbón, padre de don Alfonso. Quien pidió entonces infructuosamente la autopsia de los restos mortales de Alfonso, su sobrino hermano de Juan carlos.

Un dato insoslayable se me reconocerá en toda semblanza medianamente ecuánime y objetiva de esta figura trágica de la realeza que estuvo casado con la nieta de Franco. Como tambien lo es la trayectoria inequívoca en relación con el régimen anterior al que sirvió de embajador en Suecia, y al que defendió incluso en las luchas universitaria de su tiempo formando parte de aquel grupo tan emblemático (y discutido) que llevó por nombre Defensa Universitaria.

¿Una partida de matones sin escrúpulos defensa Universitaria? La discusión desde luego nos llevaría lejos, en relación con ese y tantos otros vestigios (en el recuerdo) del régimen anterior, por más que acabaran perdiendo la batalla de la opinión -y de imagen- al interior del campus de la Universitaria -ellos y otros grupos de existencia sincrónica o que les sucederían- un tanto anegados por aquel fenómeno de manipulación ideológica de toda una generación universitaria que se dio entonces (finales de los sesenta) y la que aquí ya tantas veces habré aludido.

Y no oculto que la imagen o etiqueta de "Defensa" (a la que nunca pertenecí, que quede claro) que arrastraba don Afonso contribuyó a hacerle simpático a mis ojos y contribuyo no poco sin duda a lea esfera de cordialidad en el que se desarrollo nuestro encuentro (a tres) entonces. Lo que venía sin duda a afianzar la imagen de un vástago borbón amigo del régimen, que debió pesarle en aquellos años que siguieron a la transición política en la medida que su primo Juan Carlos acabaría consumando su operación de desenganche tan hábilmente como ya sabemos.

¿De tal palo tal astilla? Como sea es indudable que la sombra (paterna) acompaña ahora indefectiblemente a su hijo, actual pretendiente de la casa de Francia (por la rama legitimista) ¿Culpable el vástago de Alfonso de Borbón Dampierre de la ausencia clamorosa del príncipe/heredero Felipe de las ceremonias de esponsales de Charlène y de Alberto en el principado de Mónaco?

El pretexto del mentís egregio lo habrá sido su operación de rodilla, coartada perfecta a la que añadir -como no dejan de advertirlo algunos medios- el desaire que hizo en el 2005 el príncipe monegasco a la candidatura española olimpica.

Cantigas (como dicen los portugueses): atmósfera de fin de reino en la Zarzuela y la ausencia del príncipe heredero en Mónaco no deja de ser un claro síntoma.


Sunday, 8 May 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN: BLAS PIÑAR Y LEFEBVRE

Je vous salue Marie pleine de grace, que votre nom soit sanctifié", canta tan nostálgico como entonces el cantante francés (de "droite") Serge Lama en una vieja canción, llena de encantaciones hoy como ayer, de aquellos tiempos ya tan lejanos cuando deambulé sin norte fijo y casi sin cobijo también por la geografía francesa en la primavera del 86 -transitando por medios próximos a Econe y al Front National francés, más entre los segundos que entre los primeros que se portaron no poco generosos conmigo-a seguir a mi liberación unos meses antes de la cárcel portuguesa.

Y escuchándola de nuevo ahora tantos años después las mismas lágrimas (calientes) hoy como ayer se me escurrían insensiblemente por las mejillas, mientras me sentía fatalmente invadido de un juego (mágico) de espejos acordándome de una oración célebre del viejo Maurras que sus partidarios franceses más clericales presentarían siempre (exageradamente) como la de su "conversión", de los últimos años de su vida, tras la condena y la cárcel que la suerte le depararía, secuelas fatales del fracaso y de la derrrota, y donde acertó a verter un canto poético sin igual a las glorias del catolicismo frances a lo largo de su historia.

"Semper idem" el viejo Maurras en ese primor de poesía patriótica -y religiosa- de su años tardíos. Incorregiblemente católico (francés) y nacionalista. Y las vírgenes (prudentes) de antes del concilio evocándolo en estas líneas nos siguen sonriendo benévolas y maternales como aquella virgen románica que presidía el despacho de trabajo de Francisco Umbral, él que había bajado, él también, los santos y las vírgenes de sus pedestales vistiéndolos de paisano a partir de un momento de su vida y de su trayectoria.

Y la flores -siempre presentes- de la tumba de mi difunto padre (¡el pobre!) reverdecen se diría en este homenaje que le quieren brindar estas lineas en el momento mismo que me despido de tantas cosas -y de tantos también- tras la turbo/beatificación del pasado domingo en Roma.
Un adiós (au revoir) o hasta la vista al menos estas sentidas líneas a algunos testigos españoles de mis años de odisea, entre los cuales figura en primera fila, por méritos propios, Blas Piñar sin discusión alguna. En un comentario a mi entrada de anteayer sobre la disputa que opone los días que corren José Luis Roberto y Ricardo Sánez de Ynestrillas en las que ponía yo efectivamente a Blas Piñar de testigo de cargo contra la Roma del concilio en definitiva, uo de mis lectores se mostraba extrañado y contrariado también sin duda en su admiración hacia la figura del viejo líder (ex-franquista)

Blas Piñar me conoce bien -como tantos otros (...)- de mucho antes incluso de mi gesto de Fátima y de incluso antes de mi marcha a Ecône. Mi detención en Fátima y el estruendo en los medios que se seguiría hizo el vacío en torno mío casi absoluto, hasta mi salida de la cárcel portuguesa. Y después tampoco se puede decir que se apresurasen muchos a salir a mi encuentro; la excepción a la regla lo fue sin duda la de Blas Piñar que entró en contacto conmigo tras mi salida de Portugal en aquellos meses que residí en España antes de fijar definitivamente mi residencia en Bélgica, a través de su hija Isabel en una oferta generosa de ayuda que decliné entonces por un prurito de independencia y en ejercicio de un legítimo usufructo de la libertad en todos los órdenes que empezaba a experimentar entonces por vez primera por así decir en el transcurso de mi vida.

Decliné su ofrecimiento pero el gesto no lo ovidé. Y sin duda por eso varios años después, residiendo yo ya en Bélgica, a principios de la década de los noventa, me sentí en el deber ineludible de rendirle visita en su domicilio de Puerta de Hierro donde me recibió con amabilidad y deferencia exquisitas. Sin la menor sombra de reproche de la clase que fuera.

Fue la última vez no obstante que le vi (de cerca), y ya al despedirnos tuve el presentimiento que era la última vez que le veía (hasta hoy) y que mi vida seguía en lo sucesivo rumbos verdaderamente alejados y distantes de los suyos que harían nuestro reencuentro más que improbable en un futuro mas o menos cercano, en lo que no me equivocaría.

Por eso esta entrada que le dedico (en parte) se pretende si no un adiós definitivo, sí en cambio una evocación, y un llamamiento o si se prefiere un ruego o una súplica a hacerle comparecer en la lista de testigos de honor en el asunto que nos ocupa -de la querella de Roberto contra Ynestrillas- en aras de la reconciliación siempre posible -y por más que pueda parecer al día de hoy alto improbable- de entre todos los que encontramos cobijo un día bajo las mismas banderas. Hoy plegadas y arriadas por todas partes.

Cuando excomulgaron a Monseñor Lefebvre en plena era Wojtyla a mediados de la década de los noventa la revista "Fuerza Nueva" dedicó un comentario un tanto fugaz que caería en mis manos algún tiempo mas tarde -en una de mis visitas esporádicas a España- y que no me pasaría desapercibido. El autor del comentario editorial sobre el tema venia a decir que el tiempo diría si aquella drástica medida vendría a cerrar definitivamente la vía de agua que la disidencia del obispo francés había abierto en la barca/de/pedro o si al contrario había venido a asestarle el golpe de gracia definitivo.

En un reflejo sin duda, las líneas aquellas, de la actitud a la expectativa que fue la de aquella revista y de su fundador desde que se alejaron prudencialmente de aquellos nuevos apestados -de la iglesia -como los solitarios de Port-Royal o los excomulgados de la Acción Francesa- en que nos convertimos de golpe todos los que gravitábamos en la órbita de Econe y de la FSSPX entonces, dejando atrás los tiempos aquellos en los que Blas Piñar fue el portavoz más destacado entre españoles de las posturas del obispo francés en el contencioso que le oponía con el Vaticano.

Y atrás quedaban en efecto aquellas escenas un tanto memorables de una de las visitas a Madrid a finales de los setenta del obispo francés recibido con toda pompa y esplendor en la sede de Fuerza Nueva de Madrid (calle Lagasca) y saliendo al balcón acompañado de su anfitrión español a saludar a la pequeña muchedumbre que le aclamaba a la entrada de la sede y desparramada en la calles adyacentes.

De pronto Roma -"verbi gratia" la iglesia del concilio- esgrimió, sin duda de cerca y sin contemplaciones, la amenaza de excomunión y otras sanciones canónicas entre sus segundones (católicos)/españoles y aquellas muestras de apoyo tan sinceras y entusiastas desaparecerían como por arte de ensalmo o golpe de varita magica, y sin duda que el dato es de mención insoslayables en la evocación de las circunstancias que acompañaron fatalmente a mi propia trayectoria en los años que siguieron a aquella ruptura entre Econe y sus amigos españoles, sin lo que no se explica en modo alguno o no del todo mi gesto de Fátima.

Han pasado casi veinte años, ya digo, desde que habló con Blas Piñar por utima vez (largo y tendido, y a solas), mi odisea de aislamiento y expatriación entre tanto se proseguiría hasta hoy sin interrupción, quiero decir con ello que no le guardo rencor (en absoluto) pero tampoco me siento - todos lo comprenderán aquí sin pena alguna- en deuda con él en modo alguno ni política ni religiosamente hablando (todo a la vez, bien junto y bien revuelto)

Y por eso ahora, en el contencioso que opone dos figuras emblemáticas de unos medios políticos e ideológicos en los que no dejan de gravitar de todo su peso Blas Piñar y el movimiento que deja en legado tras suya a sus próximos y allegados, me siento libre como el viento a la hora de denunciar el clericalismo en la política española o si se prefiere la sombra de la institución/eclesiástica y sus brazos y tentáculos innúmeros y el protagonismo que a todas luces vienen ejerciendo en el contencioso al que aquí aludo. Indirectamente aunque sólo sea y a espaldas incluso de sus dos principales protagonistas.

Y no es que con ello este pretendiendo emplazar aquí de una forma u otra a Blas Piñar y sus partidarios; sí pienso en cambio que su papel de mediación se está echando en falta grandemente en este asunto. Aunque solo fuera por su prestigio y su ascendencia y autoridad moral innegables en los medios afectados por esa querella y por la circunstancia aunque solo fuera de haber ya en el pasado cuidadosamente evitado el toparse/con/la/iglesia que lleva por lo tanto fatalmente a pensar que tal vez prefiriera hacer lo propio ahora, por los perfiles de política religiosa indiscutibles -en relación directa con la moral y las buenas costumbres- que arrastra el contencioso que Roberto e Ynestrillas vienen protagonizando.

En claro y en crudo: la acusación mayor que los detractores de José Luis Roberto vienen sosteniendo en contra suya es la de conducta (publica) inmoral de resultas de la presidencia que este último desempeñó durante largo tiempo de una organización que agrupa a todos los explotantes de locales de alterne en suelo de la península. ¿Y cómo no poner en relación directa un detalle tan poco trivial con ese rigorismo exacerbado en materia de sexualidad del que daría muestras sin pausa ni descanso el magisterio eclesiástico en los últimos pontificados y en particular durante la era Wojtyla?

Porque de verdad que se comprende mal esa cerrazón rayana en la obsesión patológica, en una serie de temas - preservativos, píldoras contraceptivas (de antes o de después) relaciones extra/conyugales, homosexualidad (entre adultos), legalización o regulación de la prostitución, incitación (con propósitos educativos) a la masturbación entre adolescentes, matrimonio y adopción de niños entre homosexuales, pornografía etcétera, etcétera- que vendría a ser como el telón de fondo inseparable (teñido de hipocresía) de la plaga de escándalos "urbi et orbe" en materia de pedofilia eclesiástica -en concreto de violaciones (en serie) a manos de eclesiásticos de criaturas encomendadas a su cargo - y de las recientes ceremonias de bonificación del santo/súbito, en la medida que aquella se declararía y se propagaría mayormente durante su pontificado.

En la duda y la incertidumbre la pregunta se impone pues, ¿que piensa Blas Piñar del Santo Súbito y del encubrimiento de eclesiásticos pedófilos - curas obispos y cardenales - del que aquél se ve hoy acusado por todas partes, antes y después de la turbo/beatificación de Roma?

Sunday, 1 May 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN HABLA SOBRE LA BEATIFICACION DE JUAN PABLO II


Juan Pablo II y Maciel en 1979

10 tesis sobre la turbo/beatificación de Roma (declaración)

(La muerte en ataque aéreo de la OTAN en Tripoli del hijo menor del coronel Gadafi y de varios de sus nietos ayer noche, asi como el subito fallecimiento de un cardenal español en Roma hoy por la mañana -de un infarto- poco antes de las ceremonias de beatificación de la basílica de San Pedro, marcan otra vez de un signo acago este nuevo acto de exaltación del papa Wojtyla, como los atentados de la ETA y otras calamidades naturales o provocadas en la década de los ochenta y de los noventa y principios del milenio puntuarían escrupulosamente sus apariciones públicas mas apoteósicas. Contaba dejar comentarse por si solo el espectaculo insufrible de fanatismo nacionalista/polaco -en un flamear y despliegue de banderas de aquel país-, de culto a la personalidad y de histeria colectiva -y contenida- de la ceremonia romana de hoy, pero no puedo impedirme el poner un punto final a la serie que aquí le habre venido dedicando con un texto a modo de declaracion y de enumeración de tesis, que a algunos les sonara a Lutero o a luteranismo, pero que el reformador alemán no hizo mas que reexhumar de la antigüedad clásica, de las tesis y de las anti-tesis de los polemistas crisitanos y paganos)

Diez tesis sobre la turbo/beatificacion de Juan Pablo (II)

1.- Ningun católico esta obligado a creer en la santidad de Juan Pablo II ni en la de su pontificado. La verdad no ata sino que libera

2.- Ningun católico esta obligado a creer en el milagro de la religiosa curada del Parkison por intercesión de Juan Pablo II. Y mucho menos en las explicaciones que se dan para justificarlo

3.- Ningun católico esta obligado a creer que el papa polaco con la sola fuerza de su ejemplo y de su palabra derribó el Muro y puso fin al comunismo. Loa hechos nudos ademas lo contradicen.

4.- Ningun católico está obligado a creer que el cuerpo del papa Wojtyla se haya conservado incorrupto, por más que el Vaticano no haya difundido comunicado alguno tras la reexhumación reciente de sus restos.

5.- Ningún católico está obligado a creer la version -hagiográfica y propagandística- que los medios habran divulgado "urbi et orbe" hasta hoy, durante décadas, de su vida y de su trayectoria.

6.- Ningun católico esta obligado a creer y a acatar como dogma de fe las enseñazas de Juan Pablo II en materias de bio/ética y de sexualidad, autenticas obsesiones de su pontificado.

7.- Ningun católico está obligado a creer que Juan Pablo II no estaba al corriente de la plaga de la pedofilia eclesiastica y de los escándalos más sonados - de violacion de niños - en la materia que estallarían durante su pontificado.

8.- Ningun católico está obligado a creer como dogma de fe en el concilio (pastoral) vaticano segundo en sus textos y decretos. No más desde luego que en los concilios de Toledo de los orígenes del cristianismo en la España visigoda.

9.- Ningún católico esta obligado a compartir y a acatar los interdictos y anatemas que proclamó o divulgó Juan Pablo II sin pausa ni descanso en todos los terrenos, en religion como en politica o en historia, durante su pontificado.

10.- Ningun católico está obligado a acatar el culto a la personalidad - teñido de supersticion oscurantista - del papa Wojtyla que viene a instaurar la turbo/beatificacion de hoy en Roma. Y tendrán que acabar rechazándolo si quieren seguir siendo ellos mismos (semper idem) Como individuos y como pueblos (catolicos) Y hablo en primer lugar de los catolicos españoles.

Dado en Bruselas, el primero de mayo del 2011


Wednesday, 20 April 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN HABLA SOBRE EL ABBÉ DE NANTES

¿Embajada en el Vaticano de la generalitat de Cataluña?

19.04.11 | 18:46. Archivado en Cataluña: malentendido linguistico y chantaje separatista, Canonización de Wojtyla (recogiendo el guante del desafío)
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No había vuelto a oír hablar de ellos desde la muerte de su padre/fundador el pasado año como si se les hubiese tragado la tierra a medida que se prosigue la cuenta atrás en los preparativos de la beatificación de Juan Pablo II y heme aquí que de pronto les oigo levantar la voz de nuevo alto y fuerte, en el mismo estilo inconformista y profético y subversivo se diría casi de su fundador, y me refiero a la comunidad católico/tradicionalista del presbítero francés Abbé de Nantes -la Contrarreforma católica- presente hace dos días en Roma, plaza de san pedro denunciando "la apoteosis del Anti-Cristo" que viene a consumar la turbo/beatificación de Wojtyla, y comparando la iglesia a una ciudad desierta en medio de ruinas, lo que tal vez vaya mas en desdoro de la ciudad/eterna que de la Iglesia misma en la medida que no llegan a tratarla de Babilonia (y de mujer pública) como hicieron los protestantes.

Conocí al Abbé de Nantes en el verano de 1974,en la sede de su comunidad en medio de un paisaje típicamente rural cerca de la ciudad de Troyes, justo antes de irme a Econe unos meses mas tarde, en una gira turistico/religiosa por la geografía francesa con un amigo español -en su propio automóvil (un sesicientos)- del que me separé precisamente allí, accediendo yo a la invitación del padre/superior de pasar unos días con ellos y así poder conocerles mejor, sin duda en un espíritu de (sano) proselitismo de su parte y en el marco de las intenciones de "enclaustrarme" que me guiaban ya entonces.

El Abbé de Nantes, del que ya hablé aquí en alguna ocasión -alto, fuerte de voz potente y de una fisonomía mas nórdica que francesa- era, y lo seria hasta el final de su vida, una personalidad de gran destaque del tradicionalismo francés y de gran colorido a la vez; de una gran fuerza de carácter así como de un temperamento vivo, no exento de aristas que pondría de manifiesto el ultimo día de mi estancia allí cuando vino a sonar bruscamente a mi habitación a toda prisa presa de visible irritación y descontento temiendo que iba yo a perder el tren, lo que no fue (felizmente) el caso.

Después, en mis años de Econe, y en la fraternidad de Monseñor/Lefebvre fui testigo en primera linea del proceso de distanciamiento recíproco de esas dos figuras del tradicionalismo francés que alcanzaría un punto de ruptura tras el paso por el seminario -estando yo allí- del Abbé de Nantes y de las quejas que profirió a seguir de haberse visto grosso modo "ninguneado" entonces, digámoslo así, por el arzobispo tradicionalista.

Desde aquellos tiempos nunca mas le volví a ver, pero tras mi salida de Portugal ecos llegaron a mis oídos del comentario -que llegó, creo recordar, a verter por escrito en el boletín que editaba su comunidad- notarialmente benévolo y comprensivo (y valiente) hacia mí en comparación con lo que fue la actitud de algunos en aquellos medios, que le mereció mi gesto de Fátima.

No le seguí (prácticamente) la pista después ya digo pero en la actitud de resuelta resistencia al papa anterior que fue la suya por lo que sólo ahora deduzco -por mucho que no se viera tan divulgada como la que a opuso al predecesor de aquél, Pablo VI- no puedo remediar el pensar -de clave de explicación de la misma- en los sinsabores que el pontificado del papa Wojtyla les debió deparar a todas luces, al conjunto de la comunidad aquella como a titulo individual al propio fundador de la misma.

Lo que se traduciría de una forma más o menos indirecta -pero no exenta de un nexo de causalidad innegable- en los problemas de orden judicial de los que se verían objeto en un momento dado en el terreno (melindroso) de la moral y de las buenas costumbres posibilitados sin duda alguna por la coartada perfecta de la que algunas se serviría en contra suya y era de contar su comunidad con una rama femenina en edificio aparte y a la vez conexo con las que compartían ciertas liturgias y reuniones o asambleas, periódicamente o en ocasiones señaladas.

Entre santa y santo, pared de cal y canto. Y el pequeño detalle se merecería pasar desapercibido en la evocación que me permito ahora de ellos si no fuera porque me parece de pronto doblemente significativo de la cuestión de honor tanto individual como colectiva ce los miembros de esa comunidad que se deja traslucir en su actitud de ahora en contra de la turbo/beatificación de Wojtyla y del particular énfasis (y elocuencia) por cuenta del escandalo de pedofilia eclesiástica y concretamente del caso Maciel del que habrán hecho gala en la manifestación de protesta en Roma a la que aludo al principio de esta entrada. En defensa del honor puesto de una forma u otra (injustamente) en entredicho de su comunidad y de la memoria de su fundador ya fallecido.

"Nous n'avons qu'un honneur au monde" No tenemos más que un honor en este mundo (el de nuestro señor) era el refrán célebre de una de las canciones religioso/patrióticas -de la herencia socio/cultural e ideológica del tradicionalismo francés- que cantábamos con frecuencia en Econe sin dejar de suscitar en mí dosis no pequeñas de perplejidad y de interrogantes.

Como sea, en su actitud de ahora, los monjes de la comunidad fundada por el Abbé de Nantes parecen querer dejar su honor bien alto, gritándolo por los techos desde ese púlpito privilegiado en el orbe católico que sigue siendo la ciudad/eterna. A costa del papa Wojtyla, y de la actitud de encubrimiento del que le acusan tan cargados de razones sin duda alguna.

Y en resarcimiento (moral) sin duda también de los largos años de persecución soterrada de las que fueron víctimas por parte de las autoridades eclesiásticas en el pontificado anterior. Condenados injustamente a una pena de infamia (legal) -como el autor de estas líneas- mientras que los que no estaban en modo alguno libres/de/pecado -como se vería más tarde- no hacían mas que lanzarles piedras (...)

El "Abbé" de Nantes además de fundador y superior de su propia comunidad poseía una prosa escrita -y verbal por cierto también- dotada de un mordiente y de una elocuencia rezumantes de genio (político, religioso y literario) Era en cierto modo un producto de lo mas depurado de la tradición (clerical) del nacionalismo francés heredera del legado ideológico de Maurras (entre otros) que el padre francés no dejaría de reivindicar fielmente hasta el final de su vida.

Lo que no sería el caso de Monseñor Lefebvre que solo lo haría en voz baja o de forma confidencial para audiencia restringida, o reducidas a sus propios partidarios.

El Maurras del Abbé de Nantes era por cierto el de después de su reconciliación con la iglesia bajo Pio XII en vísperas del estallido de la guerra mundial (en el 39, al final de la guerra civil española...)

Curiosos en extremo además, dicho sea de pasada, los fantasmas de orden histórico que se ven convocados ahora -en Roma, en el Vaticano- con ocasión de la turbo/beatificación que se anuncia, como si volvieran a reunirse casi cien años después de su primera aparición en los hitos históricos señaladísimos que marcaron el pontificado de Pio XII, sumo pontífice de la iglesia católica en el momento del estallido de la guerra civil española, y que se vería obligado a abordar durante su mandato el expediente tan melindroso y delicado del conflicto Iglesia/Estado en Méjico y de la guerra cristera (a la que me referí en mi anterior entrada) y al episodio (cruel y dolorosísimo) de la condena de la Acción Francesa.

Como si esos fantasmas tan incordiantes vienieran ahora ochenta años máss tarde por cuenta de uno de los pontificiados mas discutidos del siglo XX- a ajustarles las cuentas al pasado recient de la igleisa y de la Roma pontificia en la beatificacion de otro pontificado posterior no menos funesto que llenaria todo el último cuarto del siglo pasado ( y principios del que se seguiria)

El pontificado de Pío XI fue nefasto, hay que atreverse a recordárselo hoy ya a algunos sin tapujos. Tras la segunda guerra mundial, su figura se vio no obstante plenamente rehabilitada pero es curioso que no haya sido objeto hasta hoy de una causa de beatificación como seria el caso de algunos que inmediatamente le precedieron o sucedieron incluso.

En lo que a España se refiere -por glosar su figura (de urgencia) de una forma inevitablemente somera, al borde de lo telegráfico- esperó lo imposible (un año) para no definirse por ninguno de los bandos, sin levantar la voz entretanto mientras discurría el periodo de mayor gravedad de la persecución religiosa en zona roja en los primeros meses de la guerra, y todos los indicios hoy suficientemente divulgados hacen pensar que sus verdaderos designios privilegiaban la hipótesis de un triunfo final de los rojos con los que contaba poder entenderse después de la guerra a través de la facción minoritaria del catolicismo español -en Cataluña sobre todo, como en el país vasco- que se había puesto del lado de la república.

En Méjico, ya analizamos ayer su papel nefasto -de patrocinio y de augusto beneplácito (a distancia)- en la firma de los acuerdos Iglesia/Estado, en un botón de muestra de alta traición (eclesiástica) con pocos precedentes en la historia del catolicismo en los últimos siglos.

Y en el caso de la Acción Francesa -que también ya abordé repetidamente aquí- su desenlace se revelaría rico de enseñanzas y de moralejas (sin moralina) para la posteridad, entre sus víctimas y descendientes como entre los herederos de una tradición del catolicismo español que pasó de puntillas digámoslo así por todo aquello entonces.

Como así lo ilustra el libro "prohibido" de Rafael Sánchez Mazas -surcado de silencioso y sobreentendidos (elocuentes y a la vez explicables) en ese asunto- que aquí ya comenté- sobre un episodio tan traumático que no dejaría de traer cola de una forma u otra no obstante hasta hoy entre españoles.

Porque uno de los corolarios de la condena de la Acción Francesa en relación con España y con los católicos españoles, hasta hoy puesto poco o en modo alguno de manifiesto, lo seria el reforzamiento de la conexión/catalana de la política religiosa vaticana en España, que bien pondría en cambio de realce el libro del celebre falangista que arriba evoco y que fue sin duda lo que estuvo en el origen de la censura (oculta, y fulminante) de la que la obra fue objeto tras su publicación en 1932, durante la república.

El nacionalismo catalán moderado -el de la Liga- era innegablemente maurrasiano. Como lo fue, sin la menor ambigüedad al respecto, una figura tan emblemática como Prat de la Riba. Y dejo de serlo siguiendo sin duda consignas y amonestaciones e lo mas alto a seguir a la condena de la Acción Francesa precisamente.

Y no cabe duda que su adhesión fue de un valor incalculable para el Vaticano a la hora de evitar el contagio español (y catalán) de las ideas del nacionalismo integral, e igualmente en la represión -cruel e implacable- que se siguió en el ámbito tanto seglar como eclesiástico al interior del catolicismo francés y en particular en el sector del mismo confinado en el área cultural catalano/provenzal que tenía sin duda su expresión más hegemónica y visible en la lengua catalana (...)

Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla y es lo que viene a la mente ante el anuncio del nuevo equipo dirigente de la Generalitat de Cataluña provenientes de C(i)U -herederos ideológicos de la Liga (lo quieran o no lo quieran del todo asumir)- de abrir una "embajada" en el Vaticano con ocasión de la beatificación de Juan Pablo II (...)

Un catolicismo neurálgico el catalán y laboratorio (y polvorín) Cataluña hoy como ayer en el plano de la política religiosa. Y si hubieran dudas lo viene a poner en foco, en el primer plano de la actualidad, el suceso -en primera plana la prensa digital de hoy- de la tentativa de incendio de la Sagrada Familia de Barcelona.

Como en un eco de las quejas recientes de Benedicto XVI con motivo de la presentación de credenciales de la nueva embajadora española (del PSOE) en el Vaticano: botón de muestra el último hasta la fecha que el hilo de la actualidad religiosa mas cadente entre españoles pasa hoy como ayer -¡ay dolor!- por Cataluña

http://blogs.periodistadigital.com/juanfernandezkrohn.php/2011/04/19/iembajada-en-el-vaticano-de-la-generalit-1?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+JuanFernandezKrohn+%28RD+-+Las+cr%C3%B3nicas+de+Juan+Fernandez+Krohn%29

Thursday, 14 April 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN: CUBA Y LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II


                            El cubano Armando Valladares contra la turbo/beatificación de Wojtyla

13.04.11 | 00:42. Archivado en Misterios y enigmas del Papa polaco, Canonización de Wojtyla (recogiendo el guante del desafío)
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Una voz se alza de repente ante los preparativos de la turbo/beatificacion de Juan Pablo (II) desde un cuadrante que algunos el que menos se esperaban, y me refiero al del exilio cubano. Cuba y España, España y Cuba, aparte de mi ese cáliz.

Y me permito hablar en esos términos porque si para muchísimos españoles que llevan a Cuba bien dentro se puede decir que sea ése el caso, en lo que personalmente me atañe pienso que lo sea por partida doble. Por español y también por descendiente de españoles de Cuba, como aquí ya lo habré comentado.

Días pasados -como ya lo conté también aquí- fui objeto de registro domiciliario e interrogatorio y test grafológicos a seguir en las dependencias de la policía de Bruselas -antes de ser puesto en libertad sin cargos unas horas mas tarde-, en relación con una serie de misivas amenazantes contra la reina Fabiola que se vienen recibiendo desde hace dos años en la redacción de un diario francófono de la capital belga.

Para facilitarles la tarea les puse en mano de inmediato una máquina de fotos que les pasaba desapercibida en su registro. Y tras haberla examinado con otros varios de mis enseres personales me la acabaron devolviendo escrupulosamente no sin darme a entender que les causaba cierta sorpresa una de las pocas fotos que guardaba aquella, y era la que recogía una escena de antepasados míos entre ellos mi bisabuela materna (madre de mi abuela materna) Julia Hernández, fotografiados en la cubierta del barco que les devolvía a la madre/patria tras el desastre del 98, y que ya habré comentado en estas entradas. Y era sin duda por el halo de solemnidad y de prestancia de ese testimonio gráfico que no dejaba de reflejar por todos sus ángulos una tragica atmósfera de guerra (y de derrota)

Desciendo de españoles (ilustres) de Cuba, es cierto, y sin duda sea lo que explique en el fondo lo atípico y fuera (un poco) de lo común del interés que me mereció siempre todo lo que de cerca o de lejos se relacionaba con la antigua isla española del Caribe, y también sin duda del anticastrismo (anti-comunista) tenaz y recalcitrante que habrá sido el mío desde niño, desde los tiempos que siguieron de inmediato a la revolución cubana con ocasión sobre todo de la crisis de los misiles y el desembarco anti-castrista (fallido) de playa Girón y Bahía de los Cochinos como también lo habré evocado en más de una ocasión en estas entradas.

Y tal vez sea por eso (en el fondo) también que el exilio cubano no dejase nunca de plantearme serios interrogantes. Entre los que conocí de cerca España como entre otros que merecieron la atención de los medios en algún momento dado durante todos estos años de régimen castrista o vía internet en foros de opinión de los mas diversos.

De Armando Valladares que ahora levanta la voz de un tono profetico, de denuncia, contra la beatificación de Juan Pablo II, sé mas o menos lo que habré leído en los medios de pascuas a ramos, y en particular los años de mi encarcelamiento en Portugal que coincidieron con los de su liberación y nombramiento de embajador de ls Estados Unidos en la ONU (durante la era Reagan) Y me quedo la imagen de él de un perseguido del régimen de Castro. Con toda la gloria y la nube de interrogantes sin duda que arrastran consigo todos (o casi todos) los perseguidos.

Armando Valladares lanza ahora una requisitoria implacable contra la beatificación de Juan Pablo II a base de uno de los cargos inéditos "grosso modo" en la lista (imaginaria) de acusaciones de un abogado del diablo del que la turbobeatificación del papa Juan Pablo II habrá extrañamente carecido por las razones y motivos que sean.

Y es el de la connivencia de aquel pontífice, sutil, y profunda a la vez -en una vertiente doctrinal e ideológica y no meramente diplomática- con una versión depurada de país comunista como lo fue y lo sigue siendo la Cuba con Fidel Castro.

Y particularmente incisivo en su denuncia lo sea sin duda su evocación de los centenares de jóvenes cubanos que murieron en el paredón fusilados por los esbirros del régimen en los incios de la revolución al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Y sin duda es ése un pliego de acusación que hice mio de antiguo -con ocasión de mi gesto de Fátima- como aquí todos ya saben pero que en la medida que atañe principalmente a las relaciones del papa polaco -desde sus tiempos incluso de obispo y cardenal y antes, de simple presbítero- con las mandamases comunistas de su Polonia natal tras el 45, se puede decir que caería fatalmente en saco roto por culpa en parte de la mitología "sui generis" -del nacionalismo polaco- tan arraigada entre los habitantes de aquel país, que haría posible ese fenómeno tan singular de simbiosis ideológica (y espiritual) entre catolicismo y marxismo (estaliniano) sin parangón ni precedente en otros países (católicos o sin serlo)

En el caso de Cuba en cambio sería el turno del papa polaco de predicar en el desierto entre una parcela considerable de la sociedad cubana, de dentro y fuera de la isla, de entre los cubanos al interior del régimen castrista como entre la la diáspora, que no comprendieron hasta hoy ni esa especie de aldabonazo además del balón de oxígeno que su visita papal del 98 vendría a proporcionar al régimen castrista ni, mas de diez años antes, la falta de empatía y de comprensión de la que dio muestra para con el exilio cubano con ocasión de su visita a Miami en uno de sus primeros viajes pontificios.

Como volverían a experimentarlo del principio al fin del caso Elián (de noviembre del 99 a abril del 2000), casi dos años después de su visita a la Habana cuando tanto el pontífice como la iglesia cubana -en su cúpula directiva- pondrían toda la carne en asador en favor de la postura del régimen de Castro en el tema.

Ambigüedad demoledora, escandalosa del pontífice Wojtyla en relación con el comunismo como sistema e ideología por un lado; y plaga de escándalos en materia de pedofilia (eclesiástica) por el otro ¿Ninguna lazo de causalidad o de relación más o menos estrecha entre uno y otro fenómeno?

Todos los indicios apuntan desde luego en la dirección contraria. Y es en la medida que tanto el uno como el otro capitulo de la historia del pontificado anterior vienen a invalidar en alguna manera la mitología creada en torno al papa polaco y a su papel y protagonismo (presuntos) en el derrumbe del comunismo (soviético) y en la caída del Muro; y también la actitud profética y de denuncia que se le viene obstinadamente prestando entre los principales apologistas y celadores de su memoria.

Hasta el punto que se puede establecer sin pena una especie de axioma o paralelismo no cabe más estrecho entre el encubrimiento del que daría tanta muestra Juan Pablo II en relación con el escandalo de la pedofilia eclesiástica y con algunos de los casos de los mas sonados de entre todos ellos, y el velo de encubrimiento (y disimulo) del que se vería igualmente rodeada su trayectoria biográfica en lo que se refiere a su actitud -a título personal o en el desempeño de sus sucesivos cargos eclesiásticos- en relación con el régimen comunista en Polonia o con bloque de países del Este, y en definitiva con el fenómeno -desde un punto de vista doctrinal o ideológicamente considerado- del comunismo marxista.

¿Ejemplo inmarcesible de denuncia profética (anti-marxista) el papa Wojtyla? De encubrimiento flagrante al contrario, como lo prueba e ilustra la actitud análoga que seria lo suya en relación con la plaga (bíblica) de la pederastia eclesiástica incubada largo tiempo y que saltaría (clamorosamente a la luz) en la fase final de su pontificado.

¿El Opus Dei al rescate de la reputación en entredicho del papa camino de los altares? Primero fue el caso del nuncio Mullor -cercano al Opus- que aquí ya examiné en todo rigor. Ahora salta a la palestra otro ilustre/eclesiástico con etiqueta de la Obra -español de nacimiento- revestido de funciones docentes en intituciones emblemáticas de enseñanza confesional (católica) del otro lado del charco, saliendo así al quite del pontífice anterior en el tema de los escándalos.

Con una argumentación rayana -por lo simple- en lo peregrino y lo escandaloso. Los actos de pederastia -viene a decir este eclesiástico (como el ex-nuncio Mullor)- son pecados (sic) y como tal están cubiertos por el secreto de confesión ("verbi gratia por el silencio pontificio)

Lo que no hace mas que corroborarme veinticinco años después en mi gesto...y en mi grito -profético- de Fátima. "Si ellos callan -una frase del evangelio que gustaba particularmente al papa polaco- gritarán hasta las piedras"

Lo que está empezando a suceder ahora, a expensas de su memoria.






Thursday, 24 February 2011

JUAN FERNANDEZ KROHN: LA FSSPX DICE "NO" A LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II



In this Nov. 30, 2004, photo, then Pope John Paul II gives his blessing to late Father Marcial Maciel, founder of the Legionaries of Christ, during a special audience the pontiff granted to about four thousand participants of the affiliated Regnum Christi movement at the Vatican.

Noticiaba aquí en mi entrada de ayer que la FSSPX se acababa de pronunciar, antes de ayer, en contra de la beatificación de Juan Pablo II. He estado leyendo ahora detenidamente las declaraciones del superior general reproducidas íntegramente en el sitio digital de la fraternidad divulgadas por la prensa italiana, y sin duda, y pese a lo circunspecto del lenguaje utilizado, se trata de un paso adelante en esa cuestión tan cadente que esta dividiendo no poco a los católicos en unos países más que en otros.

La FSSPX fiel en eso a una linea que compartía plenamente su fundador Marcel Lefebvre acabaría entrando en conflicto con el pontífice anterior Juan Pablo (II) tras unos primeros momentos de expectativa y de titubeo a seguir a su eleccion en el cónclave que sucedió -en el 78- a la muerte de Juan Pablo I, que se verían dominados por la audiencia que concedió al nuevo pontífice al arzobispo rebelde, en los primeros meses a seguir a su nuevo nombramiento.

Y fue por culpa de la reunión ecuménica de Asís que pareció a los tradicionalistas infligir claramente el principio -dogmático o cuasi/dogmático-, "Extra ecclesia nulla salus" (fuera de la iglesia no hay salvaciõn), que el magisterio eclesiástico mantendria a rajatabla en los últimos siglos. El margen que ofrecía a su postura la teología tradicional que profesaban y siguen profesando les dejaba no obstante poco margen de maniobra: o el acatamiento o "grosso modo" la declaración de sede/vacante.

El arzobispo disidente decidiría no obstante mantenerse (él y sus seguidores) en tierra de nadie, en una especie de limbo teologico que no le salvó al final de ser excomulgado (...) Y la tierra/de/nadie lo seguirían siendo para sus discípulos y herederos los pasillos y estancias vaticanas por donde vienen discurriendo -a sus anchas- desde hace dos años en unas conversaciones que amenazan ahora con encallar definitivamente, como aquí ayer ya lo deje sentado. Por culpa (mayormente, o en parte) de la beatificación de Juan Pablo (II)
En los años que permanecí en el seminario de Econe fui testigo de primera mano de una polémica doctrinal acompañada de enfrentamientos mas o menos larvados, discretos o solapados en el orden personal -sin llegar por cierto nunca a las manos (...)- entre el fundador de la FSSPX y otras figuras de destaque de la corriente católico/tradicionalista en Francia (o de lengua francesa) Una de ellas la encabezaba el Abbé de Nantes del que aquí ya hablé que acabo formalizando su discrepancia con el arzobispo rebelde en una declaración escrita que se perdía fatalmente en sutilezas y bizantinismos (teológicos) como solía ser el caso por lo general en ese género (cuasi literario) caracterizado por la disputa o la polémica (religiosa) y en la que se negaba a Lefebvre el derecho a resistir,como lo venía haciendo ya entonces, a las instrucciones emanadas del Vaticano -que le ordenaban someterse y cerrar su seminario sin mayores dilaciones-a partir del momento, decía él, que no se ponía en duda la legitimidad del pontífice reinante entonces (Pablo VI) ni siquiera lo desacertado de su conducta publica y que Lefebvfe y sus seguidores se limitaban a desobedecer sin más, sin llegar -como le instaba a hacer su rival y contradictor- hasta echar en cara en publico al pontífice reinante entonces su conducta siguiendo ejemplos de resistencia (a la autoridad) que recogen los evangelios (canónicos)

Y en ese punto cabe reconocer que el fogoso eclesiástico francés tradicionalista había predicado con el ejemplo presentándose con sus seguidores en Roma a principios de la década de los setenta para allí lanzar, en una reunión abierta al público, su libelo de acusación contra Pablo VI (Liber Accusationis) que uno de sus seguidores alcanzó a entregar en mano al propio interesado en audiencia publica en el vaticano (tras lo que se vería expulso de territorio italiano)

La otra tendencia que disputaba doctrinalmente contra la anterior y en contra también de la postura mantenida por el arzobispo Lefebvre (y su FSSPX) -como si la doctrina/católica se hubiera convertido de pronto en un puerto de arrebatacapas de todos contra todos (...)- lo era la sostenida por los llamados "sedevacantistas" Una denominación que gozó de cierta difusión en los medios por aquellos años (y que aún no perdió del todo) y que designaba a aquellos que mantenían que la sede romana estaba "vacante" desde el concilio en la medida que el vaticano II había formalizado (de forma mas o menos solemne) una ruptura con la tradición/católica.

Su principal argumento tal y como se vería expuesto y defendido en una obra difundida "sotto voce" por la TFP brasileña (y consortes) lo era un adagio de teología tradicional que rezaba, "papa hereticus, depositum est", contrapuesta en la obra aludida a aquel otro de "papa hereticus deponendum est"; el segundo defendida por los teólogos mas destacados de los tiempos de la eclosión del protestantismo y el primero (que gozaba de las preferencias de la TFP y del autor de la obra) un poco mas tardía, del período del triunfo la contrarreforma al interior de la Iglesia católica, tras el concilio de Trento.

Como lo ilustraban las dos personalidades emblemáticas en extremo que encarnaban una y otra postura en la historia del magisterio, el cardenal Cayetano, por un lado, legado pontificio en Alemania en los inicios de la revuelta protestante, y por otro (san) Roberto Bellarmino, jesuíta italiano y figura de destaque de la compañía de jesús de la época de la guerra de los Treinta Años.

La TFP como aquí ya comenté juzgo al final mas prudente no publicar ese trabajo llamado a ser en principio la segunda parte de una obra de la que la primera parte -sobre el Novus Ordo Missae- sí que vería la luz en cambio.

Y tanto ellos como la FSSPX se verían en consecuencia abocados a navegar en las aguas profundas -e inciertas (como la navegación internacional)- de una postura de resistencia al vaticano difícilmente defendible desde las posturas de teología tradicional tan estrictas y rigoristas que siempre mantuvieron. Lo que en la situación actual viene a ponerse de nuevo de manifiesto.

Y es en la medida que es difícil oponerse a la beatificación del pontífice anterior Juan Pablo II sin poner "pari passu" directa o indirectamente en causa la autoridad (moral) de su principal impulsor, el sucesor de Juan Pablo (II) en la sede pontificia. Porque si nos encontramos como así parece a todas luces delante de una encrucijada decisiva en la que las autoridades vaticanas parecen haber decidido irrevocablemente la beatificación del pontífice anterior, de punto de partida en una singladura de futuro irreversible, está claro que o los unos o los otros se equivocan o se están equivocando.

Los que mantenemos que la canonización del papa anterior supone -además de una hipotecar el futuro imperdonablemente- una afrenta al honor de los católicos del mundo entero por culpa de su conducta publica -por acción como por omisión- los largos años de su pontificado, tal y como lo afirmo en mi "Liber accusationis", o al contrario, los que piensan que su canonización -y cuanto mas solemne y apoteósica mejor que mejor- será el instrumento oportuno ("providencial") susceptible de cerrar la boca a los detractores y poner coto de una vez por todas a los escándalos -en materia de pederastia de eclesiásticos sobre todo- que amenazan la credibilidad del catolicismo y comprometen gravemente el buen nombre de los catolicos en el mundo entero, individual como colectivamente considerados. Desde los tiempos del anterior pontífice.

Las tensiones al interior de la iglesia no son nuevas no obstante en el catolicismo, y me refiero tanto a un antes como a un después del concilio vaticano segundo. El concilio las entronizaría solemnemente por así decir de forma visible, pero la historia de la iglesia (y de los dogmas) se habrá visto esmaltada (es un decir) de querellas doctrinales -mas o menos bizantinas- y entre todos las disidencias o movimentos cismáticos que surcaron la historia de los países católicos estos últimos tres siglos, hay uno poco conocido entre españoles por tratarse de un fenómeno específicamente francés estrechamente ligado a la revolución francesa y a la dominación napoleónica y lo sería el llamado cisma de la "Pequeña Iglesia" ("la Petite Eglise")

Un cisma por exceso de fidelidad -como lo siguen describiendo algunos diccionarios de teología y de historia de la iglesia- de los más fieles a la iglesia y al catolicismo en Francia en el periodo de persecución que abrió la revolución entre los católicos franceses. Tras la firma del concordato con Napoleón, ciertas regiones del este del hexágono, la Vandea (Vendée) en particular -teatro de una feroz resistencia armada antirrevolucionario en nombre de la religión que se saldaría con el primer genocidido (democrático) de los tiempos modernos- se declararon en rebeldía frente a la autoridad eclesiástica.

Y el movimiento no se limitó sólo a las estratos populares sino que como consecuencia de aquel trance una treintena de obispos franceses -que habían arrastrado y sufrido persecución en el periodo revolucionario- se refugiaron en Inglaterra y rompieron abiertamente con el vaticano. ¿Se puede acaso mostrar discrepancia con la beatificación que se aproxima -por razones doctrinales (de divergencia insalvables en materia de ecumenismo como es el caso de la FSSPX o por una cuestión elemental de honor individual y colectivo como nos ocurre a otros)- y poder declararse y sentirse al mismo tiempo "en plena comunión con la sede/apostólica" (por emplear el lenguaje mas rancio y consagrado)?

La cuestión no deja de plantearse en conciencia -en los términos mas drásticos e inapelables además-, todos estarán aquí de acuerdo. En un comentario a una de mis anteriores entradas en el tema se me reprochaba una visión "extremista" (y estrecha) de la iglesia -"verbi gratia" del catolicismo- en la medida que según mi contradictor yo parecía negar, en la postura mantenida en mis escritos, la posibilidad a la iglesia/católica de una tarea de proselitismo entre todos aquellos que de una forma u otra se vieron seducidos por la actuación o el estilo (personal) del pontificado del papa anterior Juan Pablo II sin que ello significase una ruptura con lo que fuera.

Tal vez no, pero en cuestiones de honor individual o colectivo como las que a juicio de muchos (entre los que me encuentro) la beatificación del papa Wojtyla plantea, ese margen de maniobra que pretenden ver algunos en la tesitura en la que se nos coloca lisa y llanamente no existe. To be or not ot be. El buen/nombre del papa/polaco, salvaguardado para la posteridad por unos fastos sin precedentes como los que nos anuncian, al precio de nuestro honor individual y colectivo de católicos y de españoles; o viceversa.

En el programa radiofónico de ayer noche de César Vidal se veía reservados unos minutos el tema de la beatificación pontifica en curso. Y cual seria mi sorpresa cuando me encontré con una entrevista -en el marcado del referido programa- al responsable de viajes del Corte Inglés, dando toda clase de detalles del muestrario de viajes programado bajo el patrocinio de esa célebre firma con motivo de la beatificación pontificia.

Con una gama variada de precios y facilidades (de pago) Una ilustración flagrante del silencio cada vez mas ensordecedor y ahogadizo que se está instalando en amplios sectores de la prensa de opinión española en relación con el tema en ascuas.

¿Infalible Benedicto XVI en caso de que se acabe consumando su intención de llevar a cabo -contra viento y marea- la beatificación -de su predecesor en el trono/pontificio? Está claro que si así lo hace se equivoca. Y no veo en nombre de qué se nos podrá negar el derecho de proclamarlo.

En defensa propia -como aquí ya lo tengo explicado- y por el honor de los católicos españoles puesto en entredicho (y del mundo entero) en lo sucesivo.

23.02.11 | 18:46. Archivado en Canonización de Wojtyla (recogiendo el guante del desafío)
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